Sé que es rancio que lo diga, pero youtube, como muchos otros sitios de internet nos permite conocer cosas que de otra manera jamás nos hubiéramos imaginado. Depender de lo que le gusta a las televisoras locales o incluso a las internacionales, siempre nos deja un hueco en el corazón.
Hace unos años, descubrí buscando a unos cómicos españoles cuyo nombre ya no recuerdo, a Faeminio y Cansado, que no conocía pero que me parecieron muy buenos, sobre todo, por surrealistas. Dejo aquí un video de ellos, no el más gracioso, pero sí uno que puede ver toda la familia
En mi casa ya se volvió habitual gritar sin ton ni son ¡Pepeeee Navarrou!
No imagino a una persona con Síndrome de Tourette viendo esto.
Ideas, cuentos breves, pseudopoesía, diálogos de la vida real, preguntas. Todo calientito y listo para llevar.
miércoles, 5 de mayo de 2010
viernes, 16 de abril de 2010
Publicidad de cartuchos de tinta
Esta madrugada, cuando salí a comprar la leche del desayuno y casi me atropella una patrulla en sentido contrario, atisbé un letrero de esos que llaman espectaculares, que intentaba dar publicidad a los cartuchos de tinta "originales" HP. Sin embargo, según yo, en un acto fallido, más bien se hicieron anti publicidad. Hasta donde recuerdo, el anuncio decía:
Entérate de esto: Cartuchos hechizos fallan 40 % de las veces.
Cartuchos originales HP fallan 0 % de las veces.
De entrada, a la mejor uno se siente tentado a decir "tons, compraré sólo HP originales, como dictan la ley y los profestas". Sin embargo, partiendo de la base de que los Cartuchos hechizos de marcas patito no reconocidas por la Convención de Ginebra son más baratos que los HP, y sólo bajo la consideración de que "fallar 40 % de las veces" significa que 4 de cada 10 cartuchos vienen mal y hay que tirarlos, hagamos unas cuentas, asumiendo que los Cartuchos hechizos valen la décima parte que un HP, dos décimas partes, tres décimas partes... y que los HP siempre valen lo mismo (10, en este caso):
Evidentemente, un Cartucho patito que vale 10 (lo mismo que el HP) no conviene: gasto 100 en obtener los mismos cartuchos útiles que si gasto 60 en HP. Pero... la zona amarilla me muestran que si los Cartuchos patito valen hasta la mitad del valor que los HP (incluso algo más, hasta el 59.9999999 del valor), al comprar Patito ahorro (por ejemplo, comprar 10 patito a 5, y perder 4 que vienen mal, me cuesta 50, mientras que comprar 6 HP a 10 me cuesta 60). Según creo, no es improbable encontrar Cartuchos patito un 50 % más baratos que los originales.
Creo que el publicista no fue muy analítico, o confió en que nosotros no lo fuéramos. Y que conste que no voy contra los cartuchos HP ¿eh? sino contra esta publicidad específica.
Entérate de esto: Cartuchos hechizos fallan 40 % de las veces.
Cartuchos originales HP fallan 0 % de las veces.
De entrada, a la mejor uno se siente tentado a decir "tons, compraré sólo HP originales, como dictan la ley y los profestas". Sin embargo, partiendo de la base de que los Cartuchos hechizos de marcas patito no reconocidas por la Convención de Ginebra son más baratos que los HP, y sólo bajo la consideración de que "fallar 40 % de las veces" significa que 4 de cada 10 cartuchos vienen mal y hay que tirarlos, hagamos unas cuentas, asumiendo que los Cartuchos hechizos valen la décima parte que un HP, dos décimas partes, tres décimas partes... y que los HP siempre valen lo mismo (10, en este caso):
Evidentemente, un Cartucho patito que vale 10 (lo mismo que el HP) no conviene: gasto 100 en obtener los mismos cartuchos útiles que si gasto 60 en HP. Pero... la zona amarilla me muestran que si los Cartuchos patito valen hasta la mitad del valor que los HP (incluso algo más, hasta el 59.9999999 del valor), al comprar Patito ahorro (por ejemplo, comprar 10 patito a 5, y perder 4 que vienen mal, me cuesta 50, mientras que comprar 6 HP a 10 me cuesta 60). Según creo, no es improbable encontrar Cartuchos patito un 50 % más baratos que los originales.
Creo que el publicista no fue muy analítico, o confió en que nosotros no lo fuéramos. Y que conste que no voy contra los cartuchos HP ¿eh? sino contra esta publicidad específica.
lunes, 22 de marzo de 2010
Cerrando un hueco en Internet
Hace muchos años, Robert A. Heinlein escribió la novela Viernes. En ella, al igual que otros autores, anticipa la idea de Internet. Hay un pasaje interesante:
"Pon tu terminal en "búsqueda". Teclea sucesivamente los parámetros "cultura norteamericana", "habla inglesa", "mitad del siglo veinte", "comediantes", "La Máxima Autoridad del Mundo". La respuesta que una puede esperar es "Profesor Irwin Corey".
Por supuesto, uno lee eso y decide ponerlo a prueba. En inglés no sé, pero en español, tecleando todo eso, lo único que uno obtiene es... la dirección de la novela de marras en el sistema de intercambio de archivos Scribd.
Para subsanar dicho hueco, he aquí una breve y sentida semblanza del Profesor Irwin Corey, tomada de la Wikipedia:
"Pon tu terminal en "búsqueda". Teclea sucesivamente los parámetros "cultura norteamericana", "habla inglesa", "mitad del siglo veinte", "comediantes", "La Máxima Autoridad del Mundo". La respuesta que una puede esperar es "Profesor Irwin Corey".
Por supuesto, uno lee eso y decide ponerlo a prueba. En inglés no sé, pero en español, tecleando todo eso, lo único que uno obtiene es... la dirección de la novela de marras en el sistema de intercambio de archivos Scribd.
Para subsanar dicho hueco, he aquí una breve y sentida semblanza del Profesor Irwin Corey, tomada de la Wikipedia:
El "Profesor" Irwin Corey (nacido el 29 de julio de 1914, en Brooklyn, New York) es un cómico norteamericano, actor de películas y activista político de izquierda, que es conocido también como "La Máxima Autoridad del Mundo" ('The World's Foremost Authority'). Se le da crédito por haber inventado un estilo de comedia improvisada, sin script en el club de Enrico Banducci's en San Francisco, el hungry i. Lenny Bruce describió en cierta ocasión a Corey como "uno de los más brillantes comediantes de todos los tiempos". (traducido de la Entrada de Irwin Corey en la Wikipedia de habla inglesa).
De hecho, debo comentar una anomalía curiosa. Si reduzco los términos a buscar a sólo -comediantes "máxima autoridad del mundo" desaparece la liga a Scribd y aparece una a un capítulo 15 de (supongo) un libro apócrifo de Harry Potter. No imagino a qué se deba, pero este no es mi momento de descubrirlo.
lunes, 1 de marzo de 2010
Kindle, de Amazon: una reseña
Llevaba un buen rato sin poner mensajes aquí. Una buena parte de la culpa la tiene el bendito trabajo, como siempre; pero debo aceptar que otra parte la tuvo el Kindle que recibí hace unos días. Sé que llego tardísimo a las reseñas. El objeto no es nuevo. La versión 1 circula desde noviembre de 2007; y la versión 2, de la que hablaré, circula con servicios internacionales desde octubre de 2009.
Primero quiero contar por qué me decidí a comprar un Kindle. Tengo una larga historia en lectura laboral y recreativa utilizando medios diferentes al papel. La intención siempre ha sido cargar mucha lectura con poco peso y espacio, y poder leer en cualquier momento en que se preste la ocasión: una fila larga en un banco, tráfico en las calles, una hora libre en un lugar aislado. He usado computadoras de escritorio, laptops, varios modelos de palm y una clié. Nunca me decidí a comprar un teléfono de ésos que ya son minicomputadoras, porque no uso mucho el teléfono y porque me parece herético que esas cosas no son estándar: cada modelo significa volver a aprender dónde están los menús. ¿Por qué quise comprar un Kindle teniendo aún las otras opciones? (sí, mi vieja y bella palm Tungsten E2 aún sirve) Yo me resistía. Pero:
a) La pantalla no echa luz. Casi ni parece una pantalla. En realidad es una especie de pizarrón blanco, cuyo sistema se parece un montón al magna doodle que seguro muchos recordamos de la infancia, aunque con mucho mejor resolución.
b) Me prometieron (y me cumplieron) una batería que tiene aproximadamente una semana de autonomía
c) Conexión constante y gratuita a Amazon, para comprar libros + sugerencias de libros basadas en mis elecciones anteriores + libros en general un poco más baratos que sus versiones en papel + descarga del libro que se compre en aproximadamente 60 segundos (todo esto, me lo cumplieron, oiga!).
d) Opciones de lectura activa: al topar con una palabra en inglés que se desconoce, elegirla con el cursor de Kindle y al pie saldrá una definición (también en inglés) + wikipedia constante, gratis y con búsqueda inmediata sobre lo que esté leyendo + poder subrayar y comentar el texto. Como dijo algún comentarista de este aparatito, tras un tiempo de leer utilizando estas capacidades, uno ya quiere usar el cursor hasta con los libros en papel. Se vuelve automático y útil.
e) La característica definitiva, que me hizo decidirme (junto con un empujón de ánimo de Don Charles Malagón) es el hecho de que pueden colocarse en el Kindle archivos personales de formatos variados, como pdf, doc, mobi y prc. Para mí esta característica es indispensable, puesto que puedo llevar todo mi trabajo de lectura y comentarios en un dispositivo pequeño. Desde mis tiempos de palm, recuerdo la frase de Unamuno: no lleves en tu cabeza lo que puedes llevar en tu bolsillo. Eso sí: los archivos deben ser transformados.Tras unos días de buscarle, he encontrado tres maneras de transformarlos que son satisfactorias, y que permiten hacer lectura activa con ellos (si los pdf se transfieren simplemente, quedan más o menos como imágenes; no se pueden hacer varias cosas con ellos; si hay interés, ya pondré en otro artículo los métodos que descubrí).
En fin, que una venturosa tarde de febrero me llega un paquete, una caja de cartón sencilla, que dentro tiene un delgadísimo aparato que a primera vista parece una minilaptop que no se dobla, luego parece una tablet pc o un iPad, y finalmente no se parece a nada al observarlo detenidamente. Me siento un poco como un steampunk, porque el objeto no tiene una pantalla de cristal líquido, ni de plasma, sino otra cosa que parece venir del pasado. Tras unas pocas vacilaciones mientras empiezo a leer la guía en pantalla, entiendo el funcionamiento, lo generalizo, y luego lo automatizo; como era la intención de Amazon, uso el Kindle como uso un libro: sin fijarme en él, y fijándome en lo que leo. Kindle desaparece y sólo queda un autor hablándome, como ha sido desde que tengo seis años y libros de papel.
La compra me pareció muy satisfactoria. Tratando de decir el precio de una manera que sea significativa para mis (dos) lectores no mexicanos, diré que cuesta, ya con impuestos, aranceles, gastos de envío y demás, lo que un teléfono celular de media pinta; no muy nuevo, no muy viejo. Me dan ganas de hacer unas cuentas para ver si sale más barato que cada niño mexicano tenga un Kindle y se le distribuyan sus libros de toda la primaria y secundaria en archivos por internet, o el actual esquema de libros gratuitos (es decir, pagados con los impuestos de todos los mexicanos) en primaria y secundaria, de papel, que se distribuyen tortuosamente, por vías que no siempre llegan a buen puerto... no sé si las cuentas quedarían a favor del Kindle, pero pienso que, si acaso, no perdería por mucho. Cuando veo mi objeto de lectura, siento que estoy viendo el futuro, con cada alumno cargando sólo un "libro" a la escuela. Con cada niño mexicano accediendo a todos los libros que pueda y quiera leer, y no sólo a sus libros de texto. Pienso en Borges y su libro de arena. Pienso en todo lo que voy a aprender y me voy a divertir tan sólo diciendo las palabras mágicas y apretando un botón.
Primero quiero contar por qué me decidí a comprar un Kindle. Tengo una larga historia en lectura laboral y recreativa utilizando medios diferentes al papel. La intención siempre ha sido cargar mucha lectura con poco peso y espacio, y poder leer en cualquier momento en que se preste la ocasión: una fila larga en un banco, tráfico en las calles, una hora libre en un lugar aislado. He usado computadoras de escritorio, laptops, varios modelos de palm y una clié. Nunca me decidí a comprar un teléfono de ésos que ya son minicomputadoras, porque no uso mucho el teléfono y porque me parece herético que esas cosas no son estándar: cada modelo significa volver a aprender dónde están los menús. ¿Por qué quise comprar un Kindle teniendo aún las otras opciones? (sí, mi vieja y bella palm Tungsten E2 aún sirve) Yo me resistía. Pero:
a) La pantalla no echa luz. Casi ni parece una pantalla. En realidad es una especie de pizarrón blanco, cuyo sistema se parece un montón al magna doodle que seguro muchos recordamos de la infancia, aunque con mucho mejor resolución.
b) Me prometieron (y me cumplieron) una batería que tiene aproximadamente una semana de autonomía
c) Conexión constante y gratuita a Amazon, para comprar libros + sugerencias de libros basadas en mis elecciones anteriores + libros en general un poco más baratos que sus versiones en papel + descarga del libro que se compre en aproximadamente 60 segundos (todo esto, me lo cumplieron, oiga!).
d) Opciones de lectura activa: al topar con una palabra en inglés que se desconoce, elegirla con el cursor de Kindle y al pie saldrá una definición (también en inglés) + wikipedia constante, gratis y con búsqueda inmediata sobre lo que esté leyendo + poder subrayar y comentar el texto. Como dijo algún comentarista de este aparatito, tras un tiempo de leer utilizando estas capacidades, uno ya quiere usar el cursor hasta con los libros en papel. Se vuelve automático y útil.
e) La característica definitiva, que me hizo decidirme (junto con un empujón de ánimo de Don Charles Malagón) es el hecho de que pueden colocarse en el Kindle archivos personales de formatos variados, como pdf, doc, mobi y prc. Para mí esta característica es indispensable, puesto que puedo llevar todo mi trabajo de lectura y comentarios en un dispositivo pequeño. Desde mis tiempos de palm, recuerdo la frase de Unamuno: no lleves en tu cabeza lo que puedes llevar en tu bolsillo. Eso sí: los archivos deben ser transformados.Tras unos días de buscarle, he encontrado tres maneras de transformarlos que son satisfactorias, y que permiten hacer lectura activa con ellos (si los pdf se transfieren simplemente, quedan más o menos como imágenes; no se pueden hacer varias cosas con ellos; si hay interés, ya pondré en otro artículo los métodos que descubrí).
En fin, que una venturosa tarde de febrero me llega un paquete, una caja de cartón sencilla, que dentro tiene un delgadísimo aparato que a primera vista parece una minilaptop que no se dobla, luego parece una tablet pc o un iPad, y finalmente no se parece a nada al observarlo detenidamente. Me siento un poco como un steampunk, porque el objeto no tiene una pantalla de cristal líquido, ni de plasma, sino otra cosa que parece venir del pasado. Tras unas pocas vacilaciones mientras empiezo a leer la guía en pantalla, entiendo el funcionamiento, lo generalizo, y luego lo automatizo; como era la intención de Amazon, uso el Kindle como uso un libro: sin fijarme en él, y fijándome en lo que leo. Kindle desaparece y sólo queda un autor hablándome, como ha sido desde que tengo seis años y libros de papel.
La compra me pareció muy satisfactoria. Tratando de decir el precio de una manera que sea significativa para mis (dos) lectores no mexicanos, diré que cuesta, ya con impuestos, aranceles, gastos de envío y demás, lo que un teléfono celular de media pinta; no muy nuevo, no muy viejo. Me dan ganas de hacer unas cuentas para ver si sale más barato que cada niño mexicano tenga un Kindle y se le distribuyan sus libros de toda la primaria y secundaria en archivos por internet, o el actual esquema de libros gratuitos (es decir, pagados con los impuestos de todos los mexicanos) en primaria y secundaria, de papel, que se distribuyen tortuosamente, por vías que no siempre llegan a buen puerto... no sé si las cuentas quedarían a favor del Kindle, pero pienso que, si acaso, no perdería por mucho. Cuando veo mi objeto de lectura, siento que estoy viendo el futuro, con cada alumno cargando sólo un "libro" a la escuela. Con cada niño mexicano accediendo a todos los libros que pueda y quiera leer, y no sólo a sus libros de texto. Pienso en Borges y su libro de arena. Pienso en todo lo que voy a aprender y me voy a divertir tan sólo diciendo las palabras mágicas y apretando un botón.
viernes, 26 de febrero de 2010
El Gunds no se fue.
Hace casi 30 años, el Gunds y yo nos conocimos en la secundaria. Una de las primeras cosas que recuerdo que obtuve del muy enriquecedor contacto que tuvimos desde entonces, fue que me presentó la obra de Julio Cortázar. Creo recordar que es en viaje al día en 80 mundos que viene una especie de ejercicio en que el autor, narrando en primera persona, abstrae todo, menos un elemento del paisaje. Digamos, la sonrisa de una persona, que flota por ahí, puesto que lo demás fue imaginariamente disuelto (Gunds seguramente recuerda la cita exacta).
Un ejercicio favorito, desde entonces, que aún en estos tiempos llego a hacer, es abstraer a la gente en el vagón del metro, excepto la mano con que se agarran al tubo, abstraer el metro y el tubo también, y quedarme sólo con manos viajando a 80 km por hora en la oscuridad de un tunel...
Pero divago. Gunds me ha presentado a muchos autores de libros maravillosos, me presentó con SPIN (mi primera comunidad virtual, en 1993 y creo que una de las primeras en México), me ha presentado muy buenos amigos.
Un día, me tocó presentarle el Magic, y a ambos nos gustó mucho jugar ese juego juntos. Nos reuníamos, normalmente en su casa, y ante un buen café que él sabía preparar muy bien, nos poníamos a jugar. El juego era la mitad del asunto, y la otra mitad era 80 % mental (parodiando a Yogi Berra).
Ahora, me dicen que el Gunds ya no está. Que se fue a Ecuador. Pero yo creo que me están inventando cuentos chinos; como Cortazar me enseñó hace tanto tiempo, he abstraído de Gunds el juego del magic y la conversación inteligente. Y esas dos cosas las sigo teniendo... de hecho, en este momento están sucediendo, así que ya dejo esto y me voy a conjurar una bestia pateka gigante 6/6 para ganarle una partida más.
Un ejercicio favorito, desde entonces, que aún en estos tiempos llego a hacer, es abstraer a la gente en el vagón del metro, excepto la mano con que se agarran al tubo, abstraer el metro y el tubo también, y quedarme sólo con manos viajando a 80 km por hora en la oscuridad de un tunel...
Pero divago. Gunds me ha presentado a muchos autores de libros maravillosos, me presentó con SPIN (mi primera comunidad virtual, en 1993 y creo que una de las primeras en México), me ha presentado muy buenos amigos.
Un día, me tocó presentarle el Magic, y a ambos nos gustó mucho jugar ese juego juntos. Nos reuníamos, normalmente en su casa, y ante un buen café que él sabía preparar muy bien, nos poníamos a jugar. El juego era la mitad del asunto, y la otra mitad era 80 % mental (parodiando a Yogi Berra).
Ahora, me dicen que el Gunds ya no está. Que se fue a Ecuador. Pero yo creo que me están inventando cuentos chinos; como Cortazar me enseñó hace tanto tiempo, he abstraído de Gunds el juego del magic y la conversación inteligente. Y esas dos cosas las sigo teniendo... de hecho, en este momento están sucediendo, así que ya dejo esto y me voy a conjurar una bestia pateka gigante 6/6 para ganarle una partida más.
jueves, 11 de febrero de 2010
Miedo a la escuela
Hace unos días, unos amigos me pidieron consejo sobre su pequeño de preescolar, que repentinamente empezó a llorar y decir que no quería ir a la escuela. Escribí algunas cosas en mi calidad de padre de tres que han pasado por las mismas, cada uno a su manera, y un poquito como psicólogo educativo. Como ellos me respondieron que lo escrito les fue útil, pues lo pongo ahora aquí, con el ánimo de que sirva a más gente.
Muchas veces, los niños sienten miedo verdadero al cambiar cosas de su mundo que ellos consideraban estructurales. Es como si de pronto, para nosotros adultos, dejara de salir el sol, o las cosas no cayeran hacia abajo. Pienso que es muy probable que eso le pase a muchos niños cuando empiezan a ir a la escuela o cuando ya iban y repentinamente dejan de querer ir. Cuando además la maestra maneja las cosas de manera distinta que la maestra anterior, la diferencia se hace más visible y se desata la ansiedad. Cuando eso pasa, durante unas semanas será difícil la ida a la escuela, y además es posible que a cualquier hora del día que el niño se acuerde de que tendrá que ir al día siguiente a la escuela (y tal vez llore un poco). Cosas para ayudarle a elaborar más pronto la idea de que la nueva maestra es distinta que la antigua pero no por eso es mala:
- Buscar libros con ilustraciones grandes y pocas letras sobre el conflicto de ir a la escuela, y leérselos frecuentemente. He usado uno llamado "Martino va a la escuela", pero hay muchos de ese estilo. Tras leerle, o durante la lectura, si él dice cosas espontáneamente, hay que escucharlo con atención y comentar, y preguntar de manera no demandante, sino como en una conversación casual.
- También se le puede contar un cuento inventado sobre un niño que no quiere ir a la escuela y no quiere decir por qué. Muchos niños pueden comentar lo que les pasa y elaborarlo mejor cuando se despegan del problema y sienten que están hablando de otro niño.
- Platicar con la maestra un momento, de cosas triviales y agradables, a la hora de dejar al niño o a la hora de recogerlo puede ser una buena manera de que él vea que sabes de que la maestra es otra, y que no es amenazante.
- Si esto no es posible, tal vez se podría pedir una cita con ella, procurando que el niño esté presente, y en que, más que hablar de la escuela, se comenten cosas amigables. Podrías empezar por "mi amigo Lazarus me recomendó que para este asunto de la angustia escolar platicáramos un rato, en presencia de mi niño, sobre cualquier cosa, para que él vea que somos amigos". Si la maestra capta, te dará unos 5 o 10 minutos de charla tranquila y tu hijo verá que no es mala persona, porque tú la aceptas (tú eres su medida de lo malo y lo bueno, mientras él aprende a hacer sus propios juicios).
- Por supuesto, siempre preguntarle cómo le fue en la escuela, y escuchar de veras con atención lo que él tenga qué decir al respecto, sea bueno, malo o neutral. Preguntarle, interesarse... esas cosas hacen que él vea que la escuela es algo cotidiano.
- No ceder a la tentación, causada por la aflicción de verlo llorar, a dejar de llevarlo. Los niños toman la medida pronto de ese tipo de cosas, y si ven que funcionan, las repiten. Hace años tuve un paciente que llevaba cerca de dos años sin ir a la escuela porque había aprendido a chantajear a sus padres y éstos no se decidían a cambiar el asunto.
- Finalmente, existe siempre una pequeña, muy pequeña en realidad, posibilidad de que la angustia del niño esté justificada; de que haya algo amenazante en la escuela en realidad. No hay que ser paranóicos al respecto, ni dar las cosas por hecho. Una de las peores cosas que uno puede hacer es imaginarse que le hacen cosas malas a su niño en la escuela y luego darlas por hecho y comentarlas, porque el niño las oirá y creerá que es verdad que la escuela es mal lugar (tú eres su juicio mientras él desarrolla el suyo). Tampoco es buena idea llegar a la escuela en plan de energúmeno que exige que se trate mejor a su niño. Sí puede ser buena idea llegar muy tranquilos y comentar que les gustaría explorar si está pasando algo en la escuela que no ha logrado encajar el niño, y que le está causando angustia. Los ojos y oídos bien atentos no hacen daño, pero también hay que mantenerse en la realidad.
Espero que estas notas te sean de utilidad.
martes, 9 de febrero de 2010
Los planes de mi abuelo paterno.
Cuando era niño, entre lo que escuchaba y lo que observaba fui creyendo entender algunas cosas de mi historia familiar. La historia es importante, porque nos hace conscientes de las raíces que nos atan a la tierra, a nuestros hábitos, a nuestras formas de pensar, a las consecuencias. La historia del universo, la historia de la vida, la de los homínidos, la llamada Historia Universal, la historia nacional, la historia familiar. La personal. Todas son muy importantes para arraigar. Las conversaciones con mi papá en estos tiempos me han afinado algunas partes de la historia que yo no tenía claras.
Mi abuelo vino de Atotonilco, Jalisco. No sé si ya se había casado con mi abuela cuando vino, pero creo que es lo más probable. No sé si tenía dinero al llegar a la Ciudad de México, pero pienso que no demasiado. Puso un negocio pequeño en que se producían embutidos. Lo administró bien, y de rentar paso a ser propietario de una casa, y luego de varios terrenos en diferentes zonas de la ciudad. También compró un terreno en Jalisco, que, sospecho, era su plan de retiro. Pienso que quería regresar a su tierra cuando todo estuviera hecho aquí. También pienso que los terrenos que compró, como del tamaño de una casa casi todos ellos, en zonas residenciales, tenían la intención de ser obsequiados a sus hijos cuando se casaran, para que pusieran sus casas ahí. Un plan a plazo más corto, que mi abuelo tenía, era quitar unos rosales que estaban en el jardín delantero de su casa, y poner una entrada de auto ahí, puesto que ya dos de sus hijos manejaban. Mi abuelo no pudo llegar al final de sus intenciones, ni siquiera la de los rosales. El segundo infarto que tuvo, mientras estaba de cacería con unos amigos, se lo llevó. Mi papá no estaba en la ciudad, pero fue notificado de que el abuelo estaba muy grave y manejó muchas horas a gran velocidad para llegar a verlo.
Los planes que intuyo en mi abuelo cuando compró los terrenos no se realizaron. Todos esos terrenos se fueron vendiendo cuando fue necesario, y lo último fue la casa de mi abuelita, que es la que construyó y vivió con mi abuelo. Antes de que se vendiera, los rosales seguían ahí, según recuerdo. Con la falla milimétrica de una válvula cardíaca, la historia de mi familia paterna cambió radicalmente. Mi papá asumió la responsabilidad sobre los estudios de sus hermanos, y los compromisos de la empresa familiar, pero, sobre todo, hizo suyo un anhelo que seguramente le aprendió a mi abuelo: procurar que mi abuelita fuera feliz. Yo creo que lo logró en buena medida, dentro de lo posible.
La familia se fue desgranando, muchas veces estas cosas pasan a partir de experiencias terribles. Es cuando uno piensa que el abuelo murió demasiado joven, como tantas otras personas que duelen a quienes les conocieron, y a veces hasta a quienes nomás conocen la historia.
Hay veces en que no puedo quitarme de la cabeza el momento en que imagino a mi papá dejando de llorar, y tomando la decisión de llevar a esa familia sobre sus hombros. El momento en que se rompió, con un movimiento seco como de roca al partirse en dos, su ilusión de vida fácil, de junior de la clase media; la manera en que habrá volteado a ver a sus hermanos más chicos y pensar "¿qué necesitan estos niños de mí?"
Mi abuelo vino de Atotonilco, Jalisco. No sé si ya se había casado con mi abuela cuando vino, pero creo que es lo más probable. No sé si tenía dinero al llegar a la Ciudad de México, pero pienso que no demasiado. Puso un negocio pequeño en que se producían embutidos. Lo administró bien, y de rentar paso a ser propietario de una casa, y luego de varios terrenos en diferentes zonas de la ciudad. También compró un terreno en Jalisco, que, sospecho, era su plan de retiro. Pienso que quería regresar a su tierra cuando todo estuviera hecho aquí. También pienso que los terrenos que compró, como del tamaño de una casa casi todos ellos, en zonas residenciales, tenían la intención de ser obsequiados a sus hijos cuando se casaran, para que pusieran sus casas ahí. Un plan a plazo más corto, que mi abuelo tenía, era quitar unos rosales que estaban en el jardín delantero de su casa, y poner una entrada de auto ahí, puesto que ya dos de sus hijos manejaban. Mi abuelo no pudo llegar al final de sus intenciones, ni siquiera la de los rosales. El segundo infarto que tuvo, mientras estaba de cacería con unos amigos, se lo llevó. Mi papá no estaba en la ciudad, pero fue notificado de que el abuelo estaba muy grave y manejó muchas horas a gran velocidad para llegar a verlo.
Los planes que intuyo en mi abuelo cuando compró los terrenos no se realizaron. Todos esos terrenos se fueron vendiendo cuando fue necesario, y lo último fue la casa de mi abuelita, que es la que construyó y vivió con mi abuelo. Antes de que se vendiera, los rosales seguían ahí, según recuerdo. Con la falla milimétrica de una válvula cardíaca, la historia de mi familia paterna cambió radicalmente. Mi papá asumió la responsabilidad sobre los estudios de sus hermanos, y los compromisos de la empresa familiar, pero, sobre todo, hizo suyo un anhelo que seguramente le aprendió a mi abuelo: procurar que mi abuelita fuera feliz. Yo creo que lo logró en buena medida, dentro de lo posible.
La familia se fue desgranando, muchas veces estas cosas pasan a partir de experiencias terribles. Es cuando uno piensa que el abuelo murió demasiado joven, como tantas otras personas que duelen a quienes les conocieron, y a veces hasta a quienes nomás conocen la historia.
Hay veces en que no puedo quitarme de la cabeza el momento en que imagino a mi papá dejando de llorar, y tomando la decisión de llevar a esa familia sobre sus hombros. El momento en que se rompió, con un movimiento seco como de roca al partirse en dos, su ilusión de vida fácil, de junior de la clase media; la manera en que habrá volteado a ver a sus hermanos más chicos y pensar "¿qué necesitan estos niños de mí?"
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