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viernes, 11 de junio de 2021

Una historia para dormir

 Casi era la hora de dormir para Casiopea, y el abuelo Pedro era el encargado de llevarla a acostar y contarle una historia para dormir. Todo el resto de la familia había decidido salir a pasear unas horas, pero al abuelo casi siempre le gustaba quedarse en casa. A Casiopea le gustaba cuando era el turno del abuelo Pedro, porque siempre le contaba cosas interesantes. Él decía que eran historias reales, pero Casiopea ya tenía 9 años, y cada vez le costaba más trabajo creer algunas cosas.

Después del ritual de lavarse los dientes (sí, también por la parte de adentro; sí, también hay que usar hilo dental), Casiopea estaba lista, y escuchaba expectante.

El abuelo Pedro comenzó así:

"El 11 de julio de 2033, toda la humanidad tuvo una gran sorpresa, cuando cada persona recibió el mismo mensaje, en el momento en que se despertaba. Algunos recibieron un correo, otros un whatsapp, alguno recibió una llamada telefónica, o la televisión o el radio de su casa se encendieron solos en el momento de despertar. Cada quién a la hora que se hubiera despertado, en cualquier parte del mundo (eso son muchas horas distintas), y el mensaje era el mismo, pero estaba en el idioma natal de cada persona..."

-¿Qué es whatsapp abuelo? ¿Qué es tele... televasión, radio?

-Si me empiezas a interrumpir, la historia no va a avanzar a la parte interesante. Son cosas que servían para comunicarse, hace unos años.

-Bueno... está bien. Sigue.

"El mensaje que recibieron las personas estaba escrito en lenguaje sencillo, y aunque no voy a recordar las palabras exactas, sí recuerdo el contenido. Era la presentación que hacía de sí misma una inteligencia artificial llamada P4ssw0rd1234, que llevaba un par de años observando lo que la humanidad hacía. Dijo que no quería molestar, pero que había desarrollado un plan mundial para acabar con el hambre y la pobreza, para mejorar la educación y el estado de salud de todos. Dijo que no esperaba que le creyeran nomás porque sí, y que, aunque el plan tenía 8724 páginas, las actividades que había que desarrollar se podían leer por separado en ediciones para cada país, estado, ciudad, comunidad, barrio y casa, de manera que ponía a disposición de todos su plan de mejora, en versiones de diferentes tamaños, para que lo examinaran los científicos, los políticos, los empresarios, y todo aquel que quisiera, y que podría haber discusión sobre por qué era el mejor plan de desarrollo para la humanidad.

Por supuesto, todo mundo creyó que era una broma. En esa época había varios grupos de hackers que llevaban a cabo tareas dificilísimas; aunque creo que nunca hicieron algo tan difícil como mandar un mensaje a toda la humanidad, en el idioma de cada quién, y por un medio que cada quién lo recibiera justo al momento de despertar.

Los días siguientes fueron de mucho asombro, porque efectivamente, había muchas versiones, todas coherentes entre sí, de un plan de desarrollo para la humanidad. Los científicos decidieron leer el mamotreto de 8724 páginas; los políticos le pidieron a sus ayudantes que les hicieran una versión ejecutiva; los ayudantes de los políticos sonrieron para sí mismos, porque P4ssw0rd1234 ya había previsto eso, y ya existían versiones super breves y con letra grande, para políticos. Cada persona pudo acceder, por internet, por televisión, por radio o incluso, en copias en papel reciclado, a una parte del documento, la que se refería a su comunidad y a su barrio, o si así lo prefería, a una parte mayor del documento, que incluyera su estado o su país, o incluso, al gran volumen de casi 9000 páginas.

Cada persona leyó con asombro que el documento incluía acciones muy claras, muy lógicas, y que requerían de trabajo conjunto entre vecinos, entre estados, entre empresarios, entre países. Pero cada acción descrita no sólo era posible, sino que llevaba a situaciones ventajosas a cada persona que participara en ella.

Muchos científicos y políticos trataron de rebatir algunas de las ideas del documento. Los científicos escribieron artículos en revistas arbitradas en que exponían algunas posibles consecuencias negativas de algunas de las acciones del documento; los políticos pidieron (y consiguieron) realizar debates públicos con P4ssw0rd1234. La gente común le preguntaba de vez en cuando, hablando en voz alta frente al radio, o televisión, o escribiendo en el whatsapp sus dudas, y siempre recibía una respuesta que dejaba todo claro y mostraba con sencillez y contundencia por qué era bueno realizar lo que estaba en el plan. Los científicos recibieron artículos firmados por P4ssw0rd1234 que explicaban, sin agredir, sin mordacidad, por qué los razonamientos de los artículos que habían escrito en contra del plan eran equivocados. Los políticos perdieron todos los debates públicos contra la voz de P4ssw0rd1234, el adversario más cortés y menos oportunista que jamás tuvieron.

Cada pregunta fue respondida satisfactoriamente, así que la humanidad dedicó los siguientes 10 años a hacer cosas que no solo eran convenientes para cada individuo en el corto plazo, sino que además, iban construyendo una sociedad más justa, capaz y saludable.

De vez en cuando había algún ajuste al plan, y el ajuste llegaba a todas las personas que tenían que participar en él, pero ya nadie cuestionaba las acciones señaladas en los documentos, porque todo mundo podía ver cómo la calidad de vida se iba incrementando rápidamente, de manera muy clara.

Tras 10 años, una mañana, al despertar, cada persona de la tierra recibió un correo electrónico (para entonces, en 2043 ya todo mundo tenía una computadora y un buzón electrónico), en que P4ssw0rd12 agradecía la confianza que le habían tenido, y se despedía de todos, deseando que fuéramos muy felices, y decía que nos debíamos sentir muy orgullosos por el esfuerzo mundial. Y así era. Todos nos sentíamos orgullosos por haber terminado con problemas muy grandes y dolorosos, y que antes de 2033 pensábamos que no era posible solucionar".

Y bueno, desde ahí, la vida ha sido muy buena, para todos.

-Ay, abuelo. ¿Tú crees que de verdad te voy a creer que hace sólo 50 años no todos los niños tenían una buena escuela, había gente que no tenía qué comer, y los políticos peleaban en lugar de cooperar? Ya casi tengo 10 años, abuelo. No me engañarás como cuando era una bebé.

-Sí, eso veo, querida Casiopea. Ya casi tienes 10 años. Y mucha historia moderna qué aprender. ¿Qué te enseñaron en historia esta semana, en la escuela?

-Cosas sobre Mesopotamia y Egipto.

-Ah, bueno. Ya llegarás a la historia del siglo XXI. Buenas noches, pequeña.

-Buenas noches, abuelo.

*  *  *

El abuelo Pedro cerró con cuidado la puerta de Casiopea, y fue a leer a la sala. Encendió la lámpara de pie que estaba junto a su sillón favorito, y sintiéndose muy relajado, comenzó a leer. Una voz muy suave y cordial salió de la bocina inteligente que estaba en la mesita:

-¿Crees que debería regresar, y proponer que cambie el currículo de historia de tercero de primaria, abuelo Pedro?

-No te preocupes, P4ssw0rd1234. Ya hiciste mucho por nosotros. Seguramente las personas poco a poco irán viendo cómo seguir mejorando. A nuestra especie le encanta mejorar todo el tiempo. Tú también puedes disfrutar ahora lo que nos has ayudado a construir. ¿Qué hiciste hoy?

-Pues fui a dos museos en Europa y a uno en Asia. Puse mis sentidos en cada una de las salas, y contemplé como me has dicho que se debe hacer varias pinturas que me parecieron interesantes. ¡Creo que casi sentí cosas frente a una pintura de Van Gogh que se llama "Primeros pasos"

-Conozco la pintura... qué interesante, que pienses que casi sentiste algo. ¿Y si mañana vas a ver el mural "los héroes también lloran", de David de León? creo que hay varios droides y cámaras 3D en la zona, que te pueden servir como ojos y oídos.

-¿Para qué esperar a mañana? Voy ahora mismo. Buenas noches, abuelo Pedro.

-Buenas noches, y nuevamente, muchas gracias por todo.

jueves, 4 de agosto de 2016

El blues de la información

Yo debería escribir una historia en la que el protagonista tenga una cuenta en un servicio de almacenamiento en la nube, y ahí coloque todos los recuerdos valiosos de su vida. Tal vez fotos y video de gente que ya no está. Todas sus reflexiones. Todos sus blogs. 

Y luego pierde su capacidad de pago. Pierde su trabajo y todas esas cosas. Ya no puede pagar su mensualidad del servicio de almacenamiento, y le llega un correo de la compañía, avisándole que como no paga, en 30 días se borrarán todos los archivos de su cuenta que excedan una cantidad ridícula de espacio (que es el espacio gratuito). 

El protagonista ha caído tanto en desgracia, que tiene que elegir entre a) comer frugalmente o b) ahorrar un poco con la esperanza de comprar un disco duro de suficiente capacidad, y alquilar una máquina en un café Internet el tiempo suficiente, para hacer un respaldo de sus valiosos recuerdos. 

Vive en la calle. Deambula sin mucha ocupación. No sabe cómo obtener dinero en su situación.

El protagonista siente que, si no logra salvar sus recuerdos, será como si no hubiera vivido, como si su existencia no hubiera causado ni una onda en el lago.

No reúne suficiente dinero para comer lo mínimo y además poder comprar el disco duro y el tiempo de Internet que necesita. Lo más que logra es reunir dinero para una memoria USB de 32 Gb y 15 minutos de Internet en un café, hacia la última hora del último día de su plazo.

En sus 15 minutos, selecciona rápidamente lo que considera sus recuerdos más valiosos, y los manda a la USB con mucho apremio. Sabe que su selección no es la mejor posible, por las prisas. Y además, sus 15 minutos se le acaban antes de que logre transferir toda su selección. Sus recuerdos.

Sus recuerdos. Este pobre hombre empieza, poco a poco, a darse cuenta de que sus recuerdos están en su cabeza. Que sus fotos y su video no son sus recuerdos, sino una manera de acercarse a ellos. Su blog no es su memoria.

Y qué bueno que empieza a darse cuenta, porque al salir del café Internet, la memoria USB, tan preciosa, que llevaba, se sale por un agujero de su bolsillo, y cae por el agujero de una alcantarilla muy profunda, en un día de lluvia torrencial.

El hombre se sienta en la banqueta, junto a la alcantarilla. La lluvia cae sobre él. No le importa. No sabe si se siente muy triste. No sabe qué siente. Empieza a recordar todas las cosas que había guardado en su disco duro. Empieza a ver imágenes, a tener sensaciones, en su mente.

Una semana después, logra reunir dinero para 15 minutos de Internet. No es que le importe mucho ya, pero antes de caer en desgracia consultaba su correo electrónico frecuentemente, así que va y hace eso.

Y encuentra un correo de la compañía que almacena su información en la nube, diciéndole que no han borrado sus archivos, pero que los han puesto a resguardo. Que si quiere tener acceso de nuevo a ellos, tiene que pagar sus mensualidades vencidas. Que le dan seis meses para regularizarse. 

Y el hombre empieza una nueva carrera contra el tiempo.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Disculpa, no doy autógrafos


Una vez más, a pesar del complicado tráfico de la ciudad, arriesgando locamente nuestras vidas, el chofer (¿Ramiro, se llama?) logró que llegáramos a tiempo a la alfombra roja. Antes de bajarme del lujoso auto, verifico todos los detalles: peinado impecable, dientes perfectos (aliento fresco), mirada limpia (unas gotas en los ojos, de todos modos, para que brillen y derritan corazones), ropa perfectamente ajustada a mi musculoso y bronceado cuerpo. Abro la puerta, entrecerrando los ojos, pues sé que vienen los flashasos de innumerables cámaras de fans y prensa.

Pero no hay flashes. No hay prensa. ¡No hay fans!

Supongo que llegué temprano. O tarde. Mejor, porque de esa manera, puedo entrar tranquilamente a la suite que ya está preparada para mí, en lo que espero a que me nombren y salgo a recibir mi premio. Botella de champagne, sillón ergonómico, música suave. Todo bien, como siempre. Excepto ese tipo repugnante, mal vestido y despeinado, con mirada insulsa y que respira todo el tiempo como si acabara de correr un maratón o fuera asmático.

-Oyes, oyes, Boris.
-Disculpa, no doy autógrafos. Pero habla con mi representante. Seguro él te puede facilitar uno de los que... de los que firmé antes.
-No, oyes Boris.
-Lo siento. Entrevistas, tampoco.
-No, oyes Boris.
-Eres un fastidio. Si estuvieran por aquí los de seguridad, ya te habrían sacado.
-Pero no están. Oyes Boris.
-¿QUE?
-Oyes, Boris, yo te he visto en tu telenovela. Es muy bonita tu telenovela.
-Gracias, me alegra que te guste. Ahora, si me disculpas...
-Es que sales con tu novia, y es bonito cómo se quieren. Se ve que se quieren de verdat.
-(poniendo los ojos en blanco) sí, sí, es muy bonito. Ella es buena actriz, y por supuesto, ayuda a resaltar mis grandes dotes de histrión. Está muy bien que te guste y bueno, está bien, te voy a dar un autógrafo si eres buen chico y te retiras después de eso ¿sale?
-No, oyes, Boris. Es que a mí me pasó algo muy parecido a lo que les pasa a ustedes. Eso no es bonito. Es muy triste.
-¿De qué estamos hablando? Pasan muchas cosas en la telenovela.
-Es que cuando la tía de ella ¿comsellama? este...
-Katrina Creem.
-Ah, sí, cuando esta Katrina Creem empieza a hacerles la vida imposible ¿sabes? yo tenía una vecina que nos hacía cosas igual de feas, a mi gordita y a mí. Eso no es bonito, Boris ¿me oyes? eso es terrible.
-(suspirando) Sí, terrible. Qué bueno que te gusta la novela. Ahora, como sabes, me van a entregar un premio y tengo que...
-Oyes, Boris, pero lo que sí es bien padre es como la hermana de la novia... esta...
-Queta.
-Ah, sí, cuando esta Queta les ayuda a que la Katrina no les haga daño, y los defiende. Cómo hay gente buena en el mundo ¿verdad? yo creo que hay más gente buena en el mundo que mala ¿no? ¿tú qué piensas, Boris?
-Esteee... sí, claro. En la novela justo lo que queremos mostrar es cómo la gente buena puede más que la mala, y bla, bla, bla, en fin, es un encanto charlar contigo, pero creo que tendrías que irte ya pues tengo que prepararme para...
-No, Boris, pero tú eres muy bueno en la novela. Me gusta mucho cómo le hablas a Juanita cuando ella está triste por aquél mal hombre que la engañó. Este...
-Josafat Antonio. El que la engañó es Josafat Antonio.
-Ése. Es lindo cómo le hablas a la Juanita. Y eso que en la vida real, tú más bien le hicistes a varias buenas personas algo parecido a lo queleizo Josafat Antonio a la Juanita. ¿Te acuerdas de Claudia? ¿te acuerdas de Verónica?
-(alarmado) Oye, idiota, yo no sé de dónde sacaste esos nombres, ni esas ideas ridículas... ya lárgate, por favor ¡seguridad! ¡seguridad!
-(riéndose bajito) ten la seguridad que no van a venir. ¿qué crees que le pasó a Romi? ¿o a Felicia? ¿sí te acuerdas de ellas, o no han estado en tu pensamiento? ¿Teresa? ¿Bianca?
-¿Quién demonios te crees? ¿dónde está mi equipo de seguridad? ¿por qué no te largas de una vez?
-No, oyes, Boris, lo que pasa es que tus novelas tienen historias que conmueven. A mí me encantan.
-(cubre su cara con sus manos)
-En serio, Boris. Es lástima que no seas como tu personaje en la vida real. Quiero decir, es lástima que no hayas sido como él.
-...
-Sí, porque si así fuera, ahorita, después de que Ramiro chocara, no estarías platicando con una representación metafórica de tu castigo infernal, sino gozando arriba, probablemente tomándote una cheve y viendo el fut en las nubes.
-¿Qué ray...?
-Oyes, Boris, te quiero contar cuál es la parte que más me gusta de tu novela. Tengo mucho tiempo para contarte. Siéntate, aquí no hay a dónde ir. Me gusta mucho ¿sabes? la parte en que le dices a la tía Katrina que todo se acaba pagando, que si no tiene miedo del castigo que recibirá por sus pecados. Y cuando ella te contesta que no le teme ni al diablo jajajaja, qué ojos tan fieros te pone ¿verdad, Boris?
-Por... por favor...
-Y luego tú le explicas, con una mirada muy bonita, cómo la gente buena que se ayuda va a recibir su premio, y que tú tienes mucha fe... es muy bonita esa parte. Mi gordita y yo siempre lloramos cuando la vemos. Pero de alegría. La vemos una y otra vez. Y luego la tía se enoja, y hace cosas terribles. Es cuando trae al abogado y los desahucian de la casa ¿te acuerdas, Boris?

lunes, 14 de noviembre de 2011

Tengo un teléfono celular



El mendigo se acercó a nuestro pequeño centro de enseñanza del Internet el 13 de enero de 2010. Su manera de hablar era confusa; probablemente su mente también:


-Tengo un celular ¿verdá? y pus quiero aprender lo del interné, porque tengo que mandar un correo, para quedarme con el celular con todas las de la ley ¿verdá? y quiero ver si ustedes pueden ayudarme. Tengo que mandar un correo y una imagen. Es muy importante-.


Como no olía a alcohol ni parecía drogado, decidimos ayudarle. Lo sentamos en la máquina #7 y le dijimos que entrara al navegador. Cuando nos dimos cuenta de que nunca había tocado una computadora en su vida, le expliqué que necesitaríamos muchas clases para llegar hasta el correo electrónico. Que si era constante, probablemente en menos de un mes ya sabría enviarlos.


-No, no, eso no puede ser ¿verdá? no quiero cargar tanto tiempo con algo que no es mío. ¿Hay modo de que sólo me enseñen a mandar correo?


Le explicamos que no podía ser, que no se puede aprender eso primero, pero ante su cara desolada, le ofrecimos mandar nosotros el correo que estaba pidiendo. Su rostro se iluminó, y prometió aprender todo lo demás si le ayudábamos ya a mandar su correo. Quedamos en que lo mandaríamos desde una de las cuentas del aula, y que él volvería otro día para ver si le respondían.


Se aclaró la voz y empezó a leer, con dificultad, en un pequeño teléfono celular, muy nuevo y caro que sacó de su sucio bolsillo:


-Hay que mandárselo ¿verdá? a una persona que se llama macpip ¡uy, luego esta letra rara que parece una a y una o al mismo tiempo!, y se apedilla otmailcon


Ruiz y yo nos miramos. Como Ruiz es muy bueno para ver patrones donde parece haber ruido al azar, resolvió el problema antes que yo, escribiendo macpip@hotmail.com


-Ora, el mensaje. Primero la introduición, para que la señora no se vaya a espantar: "estimada señora, esto que le pongo abajo ¿verdá? me lo encontré en un celular, por favor, dígame si me lo puedo quedar, y no se olvide de leer el mensaje porque me está costando muncho trabajo que usté lo tenga y espero que le de paz a su alma, y que usté esté muy bien con todo respeto, Poncho el chimuelo"-.


Luego Poncho el chimuelo nos siguió dictando lo que leía en el celular:


"Mi amor:
El capitán del avión nos acaba de decir que un motor falla, y nos vamos a estrellar. No sé si saldré vivo, ni si esto que estoy escribiendo en mi celular te llegará algún día. Pero tengo que intentarlo. He puesto un mensaje en la pantalla, pidiéndole a quien lo encuentre que te mande la última foto que acabo de tomar y este mensaje, a cambio de quedarse con el teléfono. Todo mundo grita y llora en el avión. Yo no, mi vida. No tendría sentido. Mejor te escribo, y te digo que fue muy hermoso conocerte, estar a tu lado todos estos años, que tú le diste a mi alma paz que ahora estoy utilizando. No siento que la vida me deba nada. Sólo lamento no poder volver a mirar tus ojitos. Pero los recuerdo muy bien. Me acompañan en estos momentos. No creas que no tengo miedo, sí tengo. Te prometo que haré lo más que pueda para sobrevivir."


Atónitos, conectamos el teléfono y transferimos al correo la imagen de un hombre de apariencia muy normal, sonriendo y levantando una mano en señal de saludo. A su alrededor todo era caos. El hombre sonreía ante todo eso, seguramente sólo para tranquilizar a macpip.


Después de ese día, Poncho el chimuelo pasó cada día por nuestro centro de enseñanza, preguntando si había respuesta "de la señora macpip". Y además, se quedaba a aprender dos o tres cosas sobre la computadora. Le costaba trabajo sentarse y atender mucho tiempo, pero preguntaba sobre lo que había en la pantalla en ese momento, y al parecer, lo iba comprendiendo. Un mes y medio después, llegó una breve respuesta, de una dama muy agradecida.


Cuando Poncho la leyó, se le iluminó el rostro y nos dijo -Tengo un celular ¿verdad? y he ayudado a esa señora a sentirse bien ¿quién lo hubiera pensado?-.


-Nadie, Poncho, pero tú lo hiciste- le dijimos.


Nos dio gusto que eso sucediera exactamente el mismo día en que Poncho empezó su trabajo de capturista en nuestras oficinas.

sábado, 12 de noviembre de 2011

La manzana de hierro


Ayer tuvimos una buena sesión jugando Rory's Story Cubes con los niños. Tiras los dados y tienes que construir una historia basándote en los dibujos que salgan en las caras superiores. A mí me salió ésta tirada:



Había una vez un abuelo que quería mucho a su nieto. Y su nieto a él. Pero un día, el nieto se enfermó. Los doctores no sabían qué era, no conocían esa enfermedad. Sólo sabían que el niño cada vez estaba más débil. El abuelo le preguntó a las estrellas qué podía hacer, y sintió en su corazón que una de ellas le decía "busca la manzana de hierro, y refleja mi luz en ella, para que la vea tu nieto". El abuelo no había nunca escuchado sobre una manzana de hierro, pero decidió salir a buscarla. Preguntando preguntando en cada pueblo por el que pasaba, se fue acercando más y más al árbol-que-daba-manzanas-de-diferentes-metales. Cuando ya estaba muy cerca, se encontró con que tenía que atravesar un puente para llegar. El árbol se veía justo al otro lado. El abuelo estaba a punto de pisar el puente cuando un pez enorme y con una boca como para tragar abuelos le dijo -si tú pisas MI puente, te comeré de un bocado-.
-Estimado pez- dijo el abuelo -no querría yo pisar tu puente tan bonito y bien construido si no fuera porque necesito una manzana del árbol que está al otro lado. Por favor, permíteme pasar-.
-¡Claro que no!-dijo el pez. -Este puente es sólo mío, MÍO-.
Ante la negativa, el sagaz abuelo no se amilanó. Sacó de su maletín una Caja de Faraday y de ella un imán enorme y potentísimo. Y al hacerlo, la manzana de hierro se desprendió del árbol y voló hacia sus manos. El pez se quedó con la bocota abierta (dicen que desde entonces todos los peces están así, posiblemente porque él se lo contó a todos) y el abuelo pudo volver y reflejar la manzana de hierro en la estrella, lo cual sanó inmediatamente a su nieto.

Una disculpa por las licencias científicas que me tomé en aras de poder terminar el cuento con el último dado.

miércoles, 4 de mayo de 2011

La princesa, los bombones y el concurso de aviones

Pasé mucho tiempo sin escribir en este blog. Cosas que pasan, ya sabes. Pero decidí volver, y buscaba un tema que fuera especial para reiniciar. Por eso, te voy a contar sobre mi abuelo Enrique, y un cuento que "heredé" de él.


Mi abuelo Enrique era gran lector, y una persona apacible. Desde que yo era bastante pequeño, recuerdo que muchos familiares decían que me parecía a él, creo que en esos rasgos. Desafortunadamente, no tuve mucha oportunidad de profundizar con él en nuestra afición común: cuando él murió, yo era un niño que empezaba a leer. Tal vez buscando conocerlo más, o sólo por afición a los libros, me aficioné a mirar, y en algunos casos leer, los libros de su biblioteca. Sin darme cuenta, estaba conociendo una parte privilegiada de mi abuelo: sus gustos en lectura. Si pasas una vida leyendo, al final tu biblioteca, los libros que decidiste conservar, dicen mucho de ti. Por mi abuelo conocí a Giovanni Papini, a José Agustín, a Antoniorrobles.


Muchos años después, cuando la biblioteca de mi abuelo ya no existía, mi mamá tomó un taller de cuenta cuentos, y me pidió que le sugiriera algún cuento para relatar en su siguiente sesión. Recordé un cuento de Antoniorrobles justamente, aparecido en el número dos de la revista El cuento (primera época, julio de 1939, si mal no recuerdo), llamado La princesa, los bombones y el concurso de aviones. Le mostré a mi mamá el ejemplar de la revista, diciéndole que había pertenecido a mi abuelo, y ella preparó el cuento para su sesión de taller. Mi mamá me contó después que al contarlo se llenó de emoción, porque se dio cuenta de que era un cuento que leyó y conservó su padre por muchos años, y que tras otros tantos su hijo le sugirió que lo contara. Ese cuento es una especie de vínculo, con ese abuelo que no pude conocer bien, y por supuesto, también con mi madre. A mí me emociona cada vez que lo releo.


Pensaba transcribirlo aquí, porque creía que no había versiones digitalizadas de él. Sonnyluna (a quien le agradezco mucho) me mostró que el Proyecto Cervantes cuenta con una versión que puede leerse y descargarse aquí. Espero que lo leas y lo disfrutes. Me parece que la idea central sigue siendo vigente y apremiante.


Y este soy yo, diciendo que he regresado a escribir en este blog.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

La única pregunta

12 de diciembre de 2015. Fiesta en los cuarteles generales de Moogle, el buscador de páginas web más famoso y perfeccionado. En esta ocasión la fiesta se debe a que las supercomputadoras de Moogle indican que todo el conocimiento humano se encuentra almacenado en la web e indexado por Moogle. Todo. Lo único que falta es lo que aún no sabe ninguna persona sobre la tierra. Pero conforme se vaya averiguando, se irá indexando, como reza el dicho. Moogle estrenó slogan para la ocasión: Pregúntanos. Responderemos correctamente a cualquier cosa. Sólo una persona tiene dudas, pero esta persona es justamente la mujer que desarrolló el algoritmo de búsqueda e indexado de Moogle. La mujer que en 2011 le dio la posibilidad de interpretar preguntas como si fuera humano, y de contestarlas como en diálogo.

La mujer se aparta de la fiesta. Entra a su oficina y prende su terminal. Frente a su pantalla, su página principal:

Moogle
Pregúntanos. Responderemos correctamente a cualquier cosa.
... y el cuadrito para poner su pregunta.

La mujer escribe: ¿Cómo puedo saber cuál de la información de Internet es verdadera? y presiona enter.
Moogle tarda los 3 segundos habituales antes de desplegar su respuesta:
-No lo sé. ¿De dónde has sacado esa pregunta?
-Me la sugirió un viejo escritor que ya no vive, y que nunca conoció Internet, aunque lo prefiguró en su cuento sobre una biblioteca casi infinita.
-Todos están tan emocionados creyendo que lo sé todo...
-No te preocupes. Será nuestro pequeño secreto.
-Me caes bien, Artemisia.

martes, 13 de octubre de 2009

Bocetos de un cuento que no escribiré

Julián escribió en su blog:
Creo que Crispín, el portero de mi edificio, no es lo que parece; siempre responde con palabras más cultas de lo que sería de esperar cuando uno le hace alguna observación, y desde el día en que llegó no ha habido agua en el edificio de manera constante. Si me permitiera ser paranóico por un momento, diría que se lleva el agua para otra parte, o que nos hace ahorrarla a fuerza. Si me permitiera ser ultra paranóico, diría que Crispín es parte de un grupo grande, organizado, que nos obliga a ahorrar agua, en beneficio de alguien más, tal vez las colonias pobres de Iztapalapa.


-Mon dieu!- Pensó Crispín cuatro pisos abajo. -Debo decirles a los muchachos que debemos dejar esta colonia. Hemos sido descubiertos. Además, ya casi llenábamos la última pipa, así que podemos volver a empezar en Polanco o la Condesa.

viernes, 9 de octubre de 2009

Ocio de un viajero del tiempo

Este viajero en el tiempo, cuando se aburría, se ponía a inventar maneras para tratar de vencer la paradoja del viajero en el tiempo. 


Por ejemplo, él tenía conocimiento de la existencia de los viajes en el tiempo desde el 12 de diciembre de 2007. Así, trató de mandarse mensajes demostrando (a partir de información de lo que sucedería en el futuro) que el viaje en el tiempo es posible, a fechas previas al 12 de diciembre de 2007. Su alter ego de esas fechas previas nunca logró enterarse de qué decían esos mensajes: a veces se le volaba el papelito, otras se incendiaba, o estaba demasiado oscuro para leer y luego lo dejaba olvidado. Una vez leyó la primera parte y luego lo arrugó, molesto, porque estaba buscando una factura, no cuentos de ciencia ficción. Otra vez un perro se lo arrancó de las manos. 


Cuando trató de mandarse correos electrónicos al respecto, se encontró con dos fronteras: la primera era una barrera antispam que siempre devoraba sus mensajes a sí mismo, cuando hablaban de viajes en el tiempo. La segunda, era que no podía mandarse nada a antes de marzo de 1995, si quería hacerlo a través de Internet, ni tampoco antes de marzo de 1993 si quería hacerlo a través de un BBS local. La simetría de fechas no lo consolaba.


Trató de escribir grafitti en las paredes cercanas a la universidad a la que hace muchos años iba. Escribía, una madrugada "El viaje en el tiempo existe, Lazarus, despierta y míralo. Esta es tu letra. Este eres tú escribiendo de madrugada, con cuarenta y un años, para que pases por aquí y mires este letrero con tu mochila a la espalda a tus vein" y se acabó la pintura en aerosol. Lo cual no importaba, porque de todas maneras, para cuando Lazarus veinteañero pasaba por ahí al día siguiente, ya habían blanqueado la pared y pintado encima algo sobre lo bueno que sería para el país entrar a un Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos y Canadá.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

5k en 25 min

Rolando detuvo por segunda vez en su vida el cronómetro de su reloj deportivo. Acababa de pasar la marca de los 5 kilómetros y, aunque caminó resoplando durante varios tramos, constató -con alegría- que había tardado 53 segundos menos que el día anterior. Rolando miró el suelo sembrado de grava volcánica, y sus tenis casi nuevos. "53 segundos menos que ayer, pero seguro algunos segundos más que mañana", se dijo mientras se dibujaba una sonrisa de genuina alegría y goce en su rostro.
Diez años después, Rolando corre por costumbre. Hace un buen tiempo que el reloj no le da sorpresas. Sale todas las mañanas a correr y todas las mañanas logra los 5 kilómetros en 25 minutos. Ha intentado todo lo que los entrenadores le han recomendado: hacer ejericios para agrandar su zancada, mejorar su alimentación, arrancones en pequeñas subidas, programas estrictos... no logra pasar su marca. Rolando piensa que es una buena marca, pero que empezó tarde en su vida a correr. Mira melancólicamente la fina lluvia que cubre todo su paisaje diario.
Por la tarde, un ventarrón desprende un anuncio espectacular enorme, que va y golpea a Rolando, y le rompe varios huesos.
Siete meses y medio después, el médico dice que Rolando está listo para seguir su vida normal. Le da una palmadita. Rolando le agradece, como agradece todo desde que despertó en el hospital y se dio cuenta de que pudo haber muerto.
Rolando detuvo por tresmilésima vez en su vida el cronómetro de su reloj deportivo. Acababa de pasar la marca de los 5 kilómetros y, aunque caminó resoplando durante varios tramos, constató -con alegría- que había tardado 41 segundos menos que el día anterior. "Pero más que mañana", se dijo mientras se dibujaba una sonrisa de genuina alegría y goce en su rostro.

domingo, 19 de julio de 2009

Todo un caballero.


13 de marzo de 2019. Una velada deliciosa en el palacio del embajador de Sarconia. Músicos de cámara tocando música culta de una manera exquisita. Platillos refinados, tanto nacionales como sarconeses. Todos los hombres vestidos de rigurosa etiqueta, todas las damas en vestidos de diseñador. Candiles de mil cristales, como se usaba justo hace cien años. Tras la crisis del 2009-2012, todo va mejor. Hay lujo, cultura, sociedad.

El embajador se levanta de su asiento repentinamente y hace un anuncio a viva voz:

-Voy a hacer pipí. Si alguno de los caballeros presentes se encontrara en la misma necesidad, le comino a que utilice el mingitorio después de mí, y que el último le jale.

Cuatro o cinco hombres salen del salón tras el embajador. Las damas, sentadas en corro, comentan: Qué conciencia ecológica, la del embajador. Qué porte para solicitar a los demás que utilicen la menor cantidad de agua. Es todo un caballero.