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domingo, 9 de diciembre de 2012

El cuaderno de John y Paul

Este cuento ya lo había yo puesto en wordpress en junio 3 de 2009. 
Pero... tengo una razón para relanzarlo.Mi siguiente post explicará cuál es.

Mi tataranieto Escalopendra 2.0 holgazaneaba en el sofá de la sala. Ya conozco sus ritmos, así que sabía que estaba por soltarme una bomba para que me activara. Pero no pensé que sería algo tan grande.

-¿Sabes, Tátara? - me dijo - una cosa bonita son las ucronías ¿no crees?
- Hum. Por el título no la conozco, pero si me la tarareas...
- No es gracioso - dijo, y se calló. Me cuesta mucho trabajo entender los modos de finales del siglo XXIII. A veces son más expresivos, y a veces son más parcos. De todos modos, siempre me alegra cuando él viene al siglo XXI. Aunque sea a callarse y poner caras desde el sofá.

Intentó por otro ángulo:

- Qué regada, la de la tía Mimí, de John Lennon ¿no?
-¿Eh? ¿Cuál fue la regada? ¿Criarlo como un hijo? ¿Dejarlo ser creativo?
- No, no. Esa cosa de que tiró a la basura un cuadernito que tenía más de 100 canciones escritas por John y Paul, porque lo vio muy feo y roto. Canciones que ellos luego no pudieron recordar.
- Claro. Siempre me he preguntado... ¡diablo! me estás haciendo caer en tu juego. Ya una vez trajiste tu supercomputadora de bolsillo para presumirme que se podía simular un producto de un pasado alternativo, siempre y cuando se le dieran suficientes parámetros. Fue divertido. Y también se refería a los Beatles, así que no me estás planteando nada nuevo.
- Lo recuerdo. Y me alegra muchísimo que en esa ocasión no hayas dicho algo como ¿qué hubiera pasado si Hitler ganaba? ¿Qué si el Imperio Romano no se desmoronaba? ¿y si el antepasado de los mamíferos se ahogaba en una charca oscura? esas preguntas siempre me aburren. Son las que todos se hacen. Y me hacen, en mi calidad de único custodio de La máquina del tiempo en el siglo XXIII. Y... bueno. No pensaba traer hoy mi computadora, ni simular un producto. Pensaba en hacer una -aquí paladeó lenta y golosamente la palabra- ucronía.
- Rediablo. Está bien. Me rindo ¿qué es una ucronía?

Feliz, me explicó algo que seguro tenía pensado desde hacía más de una hora:

- Pues es un término que primero se aplicó sólo a la especulació literaria sobre los ¿qué hubiera pasado si...?; pero tras la invención de La máquina del tiempo se decidió llamar de ese modo a los desplazamientos a universos alternativos. ¿Sí te he contado que sólo considerándolos es posible viajar en el tiempo sin una máquina enclavada en el pasado?
- Eh... ya te dije que soy psicólogo. No creo lograr entender eso. Pero a ver, el otro tema sí que me interesa. Según yo, creo que me estás diciendo que me dejarías subir a tu máquina del tiempo y que nos desplazáramos a un universo alternativo en el que la tía Mimí no rompiera el cuadernito de canciones de John y Paul.
-Cree y acertarás.
-¿En serio me llevarías?
-Clarión.
-¡Querido tataranieto!
-No nos pongamos emotivos. Busca una chamarra de cuero negro, una camiseta blanca y unos jeans. Nos vamos ya, o no llego a la policena que tengo esta noche en casa.
-Listos.
-Vámonos.

Le quitó una pequeña carátula al horrible anillo que siempre usa, y por primera vez, ví como funcionaba el asunto. Sin carátula, del anillo salió una luz que en vez de viajar en línea recta se tejió en una especie de campana alrededor de Escalopendra. Él me urgió a que me metiera en el haz de luz, y cuando lo hice sentí un jalón de pies. Parecido al sobresalto que a veces se siente cuando uno está a punto de dormirse.

-Se siente como cuando sueñas que te caes. ¿No será que en sueños...?
-Nada de metafísica. Esto es ciencia pura, abuelete.
-Bueno, nomás era por hacer conversación en lo que llegamos.
-¿Te figuras que esto es un viaje a Cuernavaca por la carretera vieja? Ya estamos.
-¿En dónde?
-Liverpool, Inglaterra, mediados de los años sesenta del siglo XX. Universo alternativo en que todo es igualito, justo hasta antes de que la tía Mimí tirara el cuadernito a la basura (en nuestro universo). Los cambios, es decir, la disociación de este universo, empezaron a partir de que aquí ella decidió no tirarlo, sino guardárselo a los muchachos y devolvérselos cuando regresaran de Alemania.
-Bueno, maravilla. Dios salve a la reina y todo eso. ¿Vamos a La Caverna? ¿o ya son demasiado famosos?
-Averigüemos.

Caminamos hasta el Cavern Club, y al llegar, nos dimos cuenta de que ahí estaban los Beatles. Había una gran cantidad de adolescentes en la puerta, tratando de entrar. Emocionado, Escalopendra inventó un truco para que pasáramos (le encantan los Beatles. Creo que se debe a mis genes). Mostró una insignia y dijo que era del grupo de Brian Epstein. Pronto, él y yo estábamos en lugares preferenciales. John inició una canción:

- You're gonna miss that friend
-(Yes, yes you're gonna miss a friend)
-You're gonna miiiiss that frieend
Every time
you see the people
again.

Algo estaba mal. Terriblemente mal. Algo muy equivocado. En la batería estaba un desconocido (no, no era Stuart. Era un Auténtico Desconocido). ¡Paul en el requinto y George en el bajo! La canción que tocaron, alegre pero no más, terminó y atacaron otra. Ahora era Paul el que cantaba:

-Scrambled eggs
all my troubles seem so faar away
now I look at ham and rice again
oh I'm in need of holydays

-¡Dios mío, Escalopendra!
-Todo tuyo, Lazarus. Rayos, no tenemos nada qué hacer aquí. Este grupúsculo es famoso a nivel local, y las letras de sus canciones apestan. Mejor nos hubiéramos ido a ver a los Monkeys.
-No, no exageres.
-Tienes razón. Pero de todos modos, estos Beatles son muy malos. Y ese baterista se luce demasiado.

Al regresar, bastante decepcionados, a nuestro venturoso universo, nos tomamos un chocolate caliente (para el susto), y desarrollamos, poco a poco, una teoría: que en el cuadernito que tiró esa santa mujer, esa dama entre las damas, Mimí, había versiones chafas de muchas canciones. Al tirarlo, obligó a su sobrino y al otro muchachito a que se olvidaran de la música o las reescribieran. Y, al parecer, las reescribieron y en esa segunda vuelta la cosa fue mejor. Pero en la ucronía que visitamos, se conformaron con la primera versión, con lo primero que se les ocurrió, y como tuvieron un éxito moderado, no buscaron ser más, no alcanzaron todo su potencial, porque no lo necesitaron.

-¿Sabes, Escalopendra? Creo que esto nos demuestra que lo que sucede está bien, que aunque nos parezca malo de momento, todo tiene un sentido.
-Amén, Brother - Contestó mi irreverente tataranieto, antes de irse a su policena en el siglo XXIII.

lunes, 4 de junio de 2012

Los genios secretos


Escalopendra (mi tátaranieto que viene del futuro) y yo estábamos jugando Mahjong en una tarde lluviosa cuando se me ocurrió decir lo que siempre digo cuando algo me parece demasiado ingenioso:

-¿Quién habrá sido el inventor del Mahjong?

Al mismo tiempo, como si se hubieran puesto de acuerdo, Escalopendra y Turandot (su súper computadora de bolsillo, que también estaba jugando con nosotros) me respondieron: -Seguramente es obra de algunos genios secretos.- Y Turandot agregó: -¿Quieres que averigüe, Tátara?

-Lo primero que quiero es averiguar quién te dijo que me podías decir Tátara. Y tú no te rías, muchacho. Ya vi que es un complot en mi contra.

-¡Un complot! ¡Un complot! ¿qué es eso? ¡Qué chilja palabra! Déjame adivinar... hum... suena como a pastel suave de frutas. Pero...

-Por el contexto,- dijo Turandot, arruinando la diversión -me parece que es un plan en contra de alguien. Y te toca elegir ficha a tí, Tátara.

-Tátara. Mi Tátara. ¿Cómo podrían tu nietecito y su inocente computadora estar en contra tuya?

Yo decidí rebobinar. Cambiar el tema. Regresar 2 pasos en el tiempo mientras hacía mi jugada de Mahjong. Ya conozco los enredos que causa mi nietecito cuando se mete en el discurso de la inocente computadora.

-A ver, vamos a olvidar eso. Ya está en el pasado. Se fue. Respira, aspira. A ver. Yo sólo quiero saber qué es eso de los genios secretos.

Turandot, servicial: -¿Versión corta, larga? Sugiero una versión intermedia que no utilice palabras ni conceptos desconocidos a principios del siglo XXI.

-Eeh... sí, suena bien. Procede. -Me hace sentir muy importante que Escalopendra me haya dado privilegios de usuario normal al registrar mi voz en Turandot.

-A mediados del siglo XXI, cuando las técnicas de correlación se perfeccionaron y finalmente se colocaron en lenguaje llano para que todo mundo pudiera aprovecharlas, una mujer, Yvonn Hernández hizo un descubrimiento muy interesante. Al parecer, si uno correlaciona un gran descubrimiento (pongamos por caso, el Mahjong, la pintura al temple, la silla, los circuitos integrados, la ley de gravitación universal, la rueda, el flan de queso) con toda la información que recibió el inventor oficial a lo largo de su vida, siempre encuentra que:
1.Otra persona tuvo la idea revolucionaria base
2.Una segunda persona desarrolló la idea y la mejoró.
3.Un amigo de esas dos personas comentó el tema accidentalmente con el inventor oficial
4.El inventor oficial, enfebrecido, puso a prueba la idea hasta sus últimas consecuencias, hasta que salió, tal como lo conocemos, el flan de queso. O el Mahjong. O los circuit...

-Ya, ya entendí. Te toca jugar, Escalopendra. ¿Eso pasa con todos los inventos?

-Bueno, no con todos, Tatarita. Pero en muchísimas ocasiones se ha verificado este patrón. Dime, Turandot ¿ya se puso a prueba con el Mahjong, o lo usaste como un ejemplo rupestre?

-Sólo un ejemplo. No se sabe en este momento quién inventó el Mahjong. Y sigue siendo tu turno, Escalopendra.

-¿Podríamos averiguar? -Pregunté. Soy adicto a las investigaciones especulativas utilizando la capacidad de Turandot.

-Claro. Basta con darle los parámetros a Turandot. Turandot.

-A la orden.

Me eché hacia atrás en el sillón y me preparé a ver uno de esos intercambios hombre máquina que tanto me gustan.

-Vamos a rastrear las ideas que dieron origen al Mahjong. ¿De qué tamaño tiene que ser el intervalo temporal? ¿Se inventó hace 5000 años?

-En realidad, en algún punto entre el siglo XIII y el siglo XIX

-Ah, bueno, ya vamos de gane.

-¿En la Unión de Estados Multicolor Mariposa o en Chapón?

-En una parte de la UEMM, que en ese entonces (y también en el siglo XXI, en el que te recuerdo que estamos) se llama China.

-Ah, perdón, yo qué sabía. Bueno en esa China, pues. ¿Sabes lo suficiente de esa época y lugar?

-Casi todo lo suficiente. Me faltan algunos datos, pero lo podemos resolver con tres sondas témpora.

-¿Qué es eso? ¿Qué es eso? -Pregunté pues esa parte era nueva.

-Las sondas témpora son pequeños artefactos que hacen grabaciones de audio, sonido y olor en el lugar y tiempo en que se les coloque. Sirven para completar una matriz de información cuando se sabe que ésta es incompleta o imprecisa. Turandot, manda las sondas.

-Sondas enviadas. Las sondas han vuelto. Analizando información de las sondas. Completando matriz de datos. Te toca jugar, Andrés.

-¿Eh?

-¡Que estamos jugando Mahjong, abuelito! ¿se te olvidó?

-Ah, cierto. A ver, déjenme ver. Si yo...

-Procesamiento completo ¿Quieren un informe?

-Procede. Un resumen, solamente.

-El Mahjong tiene 23 genios secretos que le dieron forma a lo largo de 3 siglos. El primero soñó que era una mariposa que se posaba en flores pintadas en papel, y los movimientos de flor en flor le hicieron concebir la primera versión del juego al despertar. Lo contó a 4 amigos durante una borrachera y ellos, ocurrentes, dieron ideas para hacer variaciones. Luego todos lo olvidaron, menos uno de ellos, que ya viejo enseñó lo que recordaba de la versión que más le había gustado a su nietecita. Durante 72 años el juego fue tradición exclusiva de la familia, y se jugaba con naipes. 7 personas de la familia hicieron mejoras al juego en ese tiempo. Para halagar a su novia rica, el más joven de la familia decidió tallar en bambú la primera versión que se hizo en forma de fichas, y el padre de la dama lo comercializó en la región. Un tonto que entendió mal el juego original fue a enseñarlo a zonas lejanas, y fundó un grupo de jugadores que luego se consideraron a sí mismos como los jugadores de la versión verdadera. Uno de ellos escribió las reglas según las entendía y otro las tradujo al italiano, buscando exportar el juego. Ambos hicieron cambios involuntarios pero fundamentales en el juego. 6 comerciantes, sucesivamente, hicieron simplificaciones buscando que el juego fuera gustado en occidente. El último de ellos escribió un librito, Las reglas del Mahjong que perdura hasta el siglo XXI (y perdurará hasta el nuestro) y que contiene la variante conocida como Hong Kong.

-Estoy muy impresionado, Turandot -le dije. -¿Puedo pedirte que ahora rastrees el origen de la Ley de gravitación universal? Ah, y por cierto, te toca.

-Ningún problema, Andrés. Paso a hacerlo. Permiso para poner una sonda temporal.

-Envíala. -dijo mi tataranieto.

El resto del juego, Turandot estuvo callado, y Escalopendra muy sobresaltado. Cuando al fin grité ¡Mahjong! mi descendiente con cara compungida dijo: pero, pero, estamos jugando un juego muy complicado. Turandot tenía que ganarnos o halagarme ayudándome de manera imperceptible para que yo ganara. ¿Cómo es posible que tu cerebro primitivo y sin implantes nos haya ganado?

-Querido Escalopendra, supongo que Turandot mordió un hueso más duro de lo que puede roer. Turandot, por favor, detén un momento tus cálculos.

-Ggggggrrracccias -dijo con una voz que parecía una cafetera a punto de descomponerse.

-Dime Turandot ¿te parece probablemente cierta la idea de que mientras más compleja sea una idea, más parámetros requerirá el rastreo de los genios secretos detrás de ella, y más poder de procesamiento será necesario?

-No sólo me parece probablemente cierta. Ni siquiera llegué a vislumbrar de dónde antimonios salió la idea fundamental de los p-p-papiros matemáticos de Moscú...

-Mahjong -dije de nuevo, con serena alegría.