jueves, 21 de enero de 2016

Lentes históricos

A la hora de la comida fui a la óptica donde había comprado mis lentes anteriores. Como uno de ellos se rompió, me pareció buena idea hacerme un nuevo examen de la vista y que las nuevas lentes las montaran en el armazón que tengo, pues el que me lo vendió (me sigue pareciendo caro) me dijo que era de titanio y que iba a sobrevivir "más que yo". 

Por lo pronto, el armazón sigue funcional. Así que fui al examen (después de más o menos un mes de no usar los lentes, desde que se rompieron) y me sorprendieron 3 cosas:

  • Ya no trabaja ahí el señor que me dijo que iban a sobrevivir más que yo mis lentes
  • Hace más tiempo del que yo creía que fui esa vez: 2007
  • Mi graduación no ha cambiado
Sentí que los lentes eran una ventana al tiempo. Algo del tipo: ahí están, ahí están, viendo pasar el tiempo: los lentes de Alcalá.

Luego pensé si ya irá a haber patinetas voladoras para la próxima vez que vaya yo a esa óptica...

miércoles, 30 de diciembre de 2015

Rituales

Hace un momento, mientras me acostaba con Ana Karen, de 10 años, y cantábamos una canción para que se durmiera, recordé que hace pocos años nuestro ritual para dormir incluía mirar sus muñecos de peluche y preguntarles "¿Quién quiere dormir con Ana Karen hoy?" y luego escucharlos discutir un breve rato, y seleccionar un elegido, que diría algunas palabritas a Ana Karen, cada uno en su estilo, y luego se acostaría junto a ella. 

Recuerdo eso y me regocijo, pensando en su carita de sorpresa cada día, cuando un muñeco distinto, con una personalidad distinta a los otros, se dirigía a ella y se aprestaba a dormir acurrucado con ella.

Y recuerdo también rituales más antiguos, con Pablo, Tania y Ana Karen. Rituales para dormir que van modificándose y sustituyéndose, hasta que un día no estaré a la hora de dormir.

Pero estaré en sus corazones. O eso quiero pensar.

Y si mis hijos tienen hijos, tal vez recuerden con ellos cómo eran los rituales que teníamos, y tal vez copien algún cachito para sus propios rituales.

Como yo, que les he cantado a mis peques las canciones que mi mamá me cantaba cuando yo era niño.

En una de ésas, cada ritual entra en un tiempo infinito, propio, y no sale de ahí. Se queda, destilando el goce puro de estar juntos.

domingo, 24 de mayo de 2015

... y comíamos origami

Ana Karen, de 9 años, me acaba de contar un sueño que tuvo anoche. No me siento capaz de reproducir el dramatismo con que me lo contó pero lo voy a intentar:

-Soñé, papá, que íbamos a otra ciudad, y encontrábamos un lugar donde nos daban alojamiento. Pero sólo el lugar para dormir. Todo lo demás teníamos que conseguirlo nosotros. 

-¿Comprábamos la comida?

-No, porque sólo teníamos unos papelitos.

-¿Billetes?

-No. Papelitos de colores. Teníamos que hacer todo plegando papelitos de colores: pizzas de papelito, hot cakes de papelitos, espagueti de papelitos. Hasta los platos y los cubiertos los teníamos que hacer de papelitos.

-¿Éramos pobres?

-Éramos ricos en papelitos. Pero sí, pasábamos hambre.

martes, 28 de abril de 2015

Brecha generacional, revisitada

Esta mañana estaba con Pablo, de 15 años, acompañándolo en su inscripción al Concurso de Ingreso al Bachillerato, cuando pasamos por una puerta muy curiosa (pequeña, sombría, y llevaba a un tunel largo igualmente oscuro) y me acordé de una puerta labrada en madera con motivos que me parecían misteriosos, por la que pasaba a veces al salir de la primaria (estamos hablando de finales de los años setenta). Pablo me preguntó "¿¨Por qué no le tomaste una foto a esa puerta misteriosa de tu infancia?"

Ante mi mirada ligeramente mordaz, se tardó sólo 2 minutos en darse cuenta de que en esa época no teníamos cámaras en el bolsillo. Ni teléfonos. Ni localización por GPS. Me entretuve un poco en platicarle el asunto de los rollos de 24 fotos que luego había que mandar a revelar y esperar días para obtener las fotos. Le pareció muy extraño que en esa época hubiera quien tomara fotos, porque le pareció demasiado trabajo.

domingo, 19 de abril de 2015

Círculos dentro de círculos


Me preguntaste la dirección de mi blog, y te di dos. La de éste y la de el otro que sobrevive. Tienen cierta redundancia, y no me decido a cuál de los dos escribir, y por eso los dos siguen. Pero hace un buen rato que no me metía a ninguno de los dos. Así que cuando me preguntaste, me abriste la puerta.

Acabo de mirar algunas entradas por encimita. No pude dejar de leer la de Círculos. Y me gustó tanto leerme a mí mismo, que nuevamente me prometo volver a escribir aquí (o en el otro blog), porque sé que me dará muchísimo gusto leerme dentro de 10, 15 años, cuando el mundo sea otro.

Pero el tiempo es un bien tan escaso...

jueves, 14 de marzo de 2013

titulo de la entrada

ola k ase soy pablo

Historias de familia


Desde que era muy pequeño, mi sobrino Juan Pablo ha sido un excelente interlocutor cuando me da por contar historias. En estos días, él ha estado muy interesado en que le cuente la historia de su mamá y de los hermanos de su mamá. Yo, como fiel cronista, procuro contarle las historias de familia con total apego a la realidad. Pongo aquí algunas de las que le he contado recientemente, para no olvidarlas y poderlas volver a contar con máxima verosimilitud  :)

Historia de Andrés (el tío cuenta cuentos de Juan Pablo)
La abuelita estaba muy ilusionada porque iba a tener a su primer hijo. El embarazo fue muy feliz y sin problemas. Al nacer el pequeñito era precioso, el más hermoso bebé. Todos lo quisieron mucho y fue creciendo.

Historia de Carmen (una tía de Juan Pablo)
El embarazo en esta ocasión fue muy curioso, porque la panza creció muchísimo y el o la bebé no parecía moverse mucho (en esas épocas, sin ultrasonido, no se sabía con certeza si se tendría un niño o una niña). El médico, en una de las últimas revisiones, comentó:

-Señora, pienso que no es niño
-¿Entonces niña, doctor?
-No. Por el tamaño y la quietud, calculo que es un oso hibernando.

Unos meses después nació esta niña, muy bonita pero muy dormida. Las nalgadas de los doctores no lograron despertarla. Cinco días después aún no había abierto los ojos. Entonces, su mamá la llevó con un médico brujo que tras examinarla dijo que lo único que podría despertarla sería darle una mordida a un ajo. Le acercaron el ajo a la boquita y tras probarlo, la niña dijo su primera frase: ¡ah jijos! al mismo tiempo que abría los ojos y los dejaba muy abiertos, y las cejas levantadas. Con el paso del tiempo, su mamá vio que para dormir a Carmen bastaba darle a probar una manzana, y para despertarla, un ajo. Un día un caballero de nombre Walt vino a la casa y compró los derechos de la historia, cimentando el abundante fondo económico de los Sánchez. Tras hacerle unos pequeños ajustes, don Walt llevó la historia al cine animado.

Historia de Paty (otra tía de Juan Pablo)
Tong Po era un luchador de sumo que pesaba 237 kilos y medio. Ningún otro luchador se atrevía a ponerse con él, porque siempre perdían. Pero un día, cuando el animador de las luchas de los sábados preguntó ¿quién se atreve a luchar contra Tong Po? un pequeñisimo luchador, como de 50 cm de altura, con una máscara roja dijo que se animaría. El pequeño enfrentó a Tong Po y le ganó en 15 segundos, mostrando gran maestría para el salvajismo y los arañazos. Al quitarse la máscara todos pudieron ver que en realidad era una pequeña niña como de dos años de edad que se había criado cuidándose sola por las calles más feas de la Ciudad de México. Entonces la abuelita, que siempre iba a las luchas y se sentaba en la primera fila, comentó que no era justo que esa niña viviera sola, de modo que la adoptó inmediatamente. Los demás miembros de la familia no se atrevieron a oponerse, sobre todo al ver los ojos que les puso la niña de la mascarita roja, que desde entonces tomó el pseudónimo, al participar en las luchas, de "La tía Papa".

Historia de Chiqui (la mamá de Juan Pablo)
Otro día que la familia salía de las luchas, tras ver ganar como siempre a La tía Papa, decidieron ir a comer unos tacos. Mientras le ponían limón al bistec, les pareció escuchar un leve chapoteo, y cuando se fijaron, en la salsera de la salsa verde había una niña, pequeñíiita, pequeñiiita, que tenía la mísma altura que un lápiz a medio usar.

-¿Cómo te llamas, pequeñita?
-Chiquis
-¿Tienes papás?
-No
-¿Quieres irte a vivir con nosotros?
-Sí
-¿Quieres cenar algo?
-Sí
-¿Qué se te antoja?
-Salsa verde

Y así fue. La niñita sólo comía salsa verde. Hasta que un día probó el café y le gustó. Sólo entonces comenzó a aumentar de estatura.

Historia de Pedro (el tío joven de Juan Pablo)
Una noche oscura y lluviosa, la abuelita se asomó a la ventana porque le pareció escuchar ruidos extraños. Ahí, vio una nave espacial que se movía por el patio y se detuvo muy cerca de donde ella estaba. Flotando, un ser del espacio con unos ojos más grandes que mi mano y de color totalmente verde le dijo a la abuelita:

-Myxlyplyx, parlia parlia cronopio-cronopio.
-No te entiendo
-(ajustando un aparato que después se supo que era traductor) Ya está. ¿Me entiendes ahora?
-Sí ¿quién eres?
-Myxlyplyx Parlia-Parlia. De los Parlia de Eta Casiopea B, no de los de Proxima Centauri.
-Ah. Eh... ¿qué vienes a hacer?
-Vengo a pedirte que des asilo por unos años al pequeño Perylix Pllix Parlia-Parlia, mi hijo. Estamos en guerra contra Aldebarán y temo por su vida. Si me lo cuidas y lo proteges unos años, yo te recompensaré.
-No necesito recompensa por cuidar a un bebé. Dámelo, yo te lo cuido.

Entonces el ser del espacio sacó un bulto pequeño de la nave, un bebé igualito a él. Con los ojotes y el color verde. A la abuelita le preocupó lo que iban a decir las mamás de otros niños cuando lo vieran, pero eso se resolvió porque descubrió que al niño le gustaba el queso, y mientras más queso comía, mas humano se veía. En unos cuantos días lo pudo llevar al kinder porque ya se veía totalmente humano. Sin embargo, todos sabemos que algún día su padre volverá por él y le dará de comer unos Parliamomos que lo volverán a convertir en un ojón verde, y se lo llevará al infinito y más allá.