Leer un libro es un esfuerzo. Por una parte, hay que darse tiempo para ello, quitar otras actividades de ese tiempo, ser constantes. Por otra, la decodificación de letras, la extracción de significados y el automonitoreo para entender, regresarse, hacer hipótesis, ligar hechos y personajes, también tiene su dificultad.
Ahora, no digamos el que escribe el libro. Hace también un esfuerzo, mayor, que ni siquiera alcanzo a visualizar en conjunto.
¿Por qué se esfuerzan tanto?
Me gusta pensar que el autor se esfuerza porque quiere dar un mensaje al lector, y el lector, porque quiere recibirlo.
Así que los actos complementarios de escritura - lectura, pudieran considerarse nomás un puente, creado con esfuerzo, entre dos personas que quieren conocerse de algún modo.
Ideas, cuentos breves, pseudopoesía, diálogos de la vida real, preguntas. Todo calientito y listo para llevar.
lunes, 8 de febrero de 2010
domingo, 7 de febrero de 2010
Malvivientes al teléfono
Es molesto. En menos de una hora, he recibido tres llamadas telefónicas que considero muy probablemente intentos de sacarme datos por teléfono.
En la llamada uno, una voz que parecía de una mujer mayor, preguntaba, algo afligida, si yo le había llamado desde este número, porque ella había recibido una llamada de este número. Por si sí, por si no, mi respuesta fue decirle que nadie había llamado a ningún lugar desde mi número desde hacía mucho tiempo, y ya.
En la llamada número dos, una voz que parecía pertenecer a un joven analítico buscando dónde vivir, preguntó eficientemente por el inmueble que yo vendo. Sólo expliqué, sin dar absolutamente ningún dato, que yo no vendo ningún inmueble.
En la llamada tres, hubo una decisión por jugar una carta más fuerte: una voz de ranchero broncudo y poco tolerante me dijo que cómo andaba, que ya había llegado el plazo, y que había qué pagar. como no lo contradije, sino que sólo le dije que así era, me mencionó que tendría que hablar con el Fito para que me pusiera en su lista. Pos sí, ni hablar, ya qué, le dije. Y colgó.
Ahora ¿estaré en una lista? ¿o todos los malvivientes dedican su domingo en la tarde a llamar todo lo que pueden, para tener "trabajo" extorsionando por teléfono el resto de la semana?
Una de las primeras cosas que hay que hacer, dados los hechos, es enseñar a los niños a nunca nunca decir quién son ni dar ningún dato a menos que sepan perfectamente con quién están hablando. Aunque, vistas las cosas, yo creo que más bien voy a decirles a los míos que acerquen el teléfono a un adulto, pero que no contesten ellos.
Me parece duro que la mala gente vaya llenando cada vez espacios, resquicios más pequeños... ¡hasta por esta razón hace falta que la educación mejore en las sociedades! para que sea más difícil engañar y por lo tanto, sea más redituable tener una vida honesta.
En la llamada uno, una voz que parecía de una mujer mayor, preguntaba, algo afligida, si yo le había llamado desde este número, porque ella había recibido una llamada de este número. Por si sí, por si no, mi respuesta fue decirle que nadie había llamado a ningún lugar desde mi número desde hacía mucho tiempo, y ya.
En la llamada número dos, una voz que parecía pertenecer a un joven analítico buscando dónde vivir, preguntó eficientemente por el inmueble que yo vendo. Sólo expliqué, sin dar absolutamente ningún dato, que yo no vendo ningún inmueble.
En la llamada tres, hubo una decisión por jugar una carta más fuerte: una voz de ranchero broncudo y poco tolerante me dijo que cómo andaba, que ya había llegado el plazo, y que había qué pagar. como no lo contradije, sino que sólo le dije que así era, me mencionó que tendría que hablar con el Fito para que me pusiera en su lista. Pos sí, ni hablar, ya qué, le dije. Y colgó.
Ahora ¿estaré en una lista? ¿o todos los malvivientes dedican su domingo en la tarde a llamar todo lo que pueden, para tener "trabajo" extorsionando por teléfono el resto de la semana?
Una de las primeras cosas que hay que hacer, dados los hechos, es enseñar a los niños a nunca nunca decir quién son ni dar ningún dato a menos que sepan perfectamente con quién están hablando. Aunque, vistas las cosas, yo creo que más bien voy a decirles a los míos que acerquen el teléfono a un adulto, pero que no contesten ellos.
Me parece duro que la mala gente vaya llenando cada vez espacios, resquicios más pequeños... ¡hasta por esta razón hace falta que la educación mejore en las sociedades! para que sea más difícil engañar y por lo tanto, sea más redituable tener una vida honesta.
viernes, 5 de febrero de 2010
666
Me desperté de madrugada. Simplemente, se abrieron mis ojos y yo estaba (creía estar) totalmente lúcido. De pronto, un pensamiento se formó casi solo en mi mente: la razón por la que la numeración de los minutos termina en 60 debe ser para que no pueda formarse el número de la bestia con la hora y los minutos.
Volteé a mirar el reloj. Eran las 3:33. La mitad. Me di cuenta de que era la mitad.
Y que yo era medio bestia.
(Me encantaría decir que es un cuento que inventé, pero es la pura verdad).
jueves, 4 de febrero de 2010
Tic Tac
Siempre es lo mismo: pido a un encargado de mi librería favorita que verifique en el sistema de cómputo si hay algún libro de Terry Pratchett. Rara vez me dice que sí. Y es justificable: son libros buenísimos. Se acaban casi en cuanto llegan. Para muestra, un botón:
"He visto morir galaxias. He contemplado la danza de los átomos. Pero hasta que tuve la oscuridad detrás de los ojos, no podía distinguir entre la muerte y la danza. Y estábamos equivocados. Cuando se vierte agua en una jarra, adopta la forma de la jarra y ya no es la misma agua de antes".
Terry Pratchett. Ladrón del tiempo. Plaza & Janés, 2009.
"He visto morir galaxias. He contemplado la danza de los átomos. Pero hasta que tuve la oscuridad detrás de los ojos, no podía distinguir entre la muerte y la danza. Y estábamos equivocados. Cuando se vierte agua en una jarra, adopta la forma de la jarra y ya no es la misma agua de antes".
Terry Pratchett. Ladrón del tiempo. Plaza & Janés, 2009.
Gente común
Uno de los servicios que Internet me ha prestado desde hace unos 15 años es el de bajarme de la nube de creerme único, y mostrarme que en realidad, en un mundo tan lleno de gente, las cosas que uno hace son más bien típicas que atípicas.
Una nueva reflexión al respecto me la causa una de las muy bien presentadas estadísticas sobre el uso de Internet que focus.com ha publicado, y que yo encontré revisando el maravilloso alt1040.
Antes de mirar con detalle la imagen debajo de este texto, detente y piensa: ¿qué edad crees que tienen en general los escritores de blogs? Yo pensaba hasta hace un rato que en general eran jóvenes, y que yo podría considerarme un venerable entre los bloggers.
Ay de mí:
Al parecer, estoy en el grupo modal de edad de los escritores de blogs (eso significa que mi edad está en el grupo de edad que tiene la mayoría relativa de los bloggers).
Ya no me parece tan moderno escribir un blog... eso sí, sigue siendo necesario. :)
Una nueva reflexión al respecto me la causa una de las muy bien presentadas estadísticas sobre el uso de Internet que focus.com ha publicado, y que yo encontré revisando el maravilloso alt1040.
Antes de mirar con detalle la imagen debajo de este texto, detente y piensa: ¿qué edad crees que tienen en general los escritores de blogs? Yo pensaba hasta hace un rato que en general eran jóvenes, y que yo podría considerarme un venerable entre los bloggers.
Ay de mí:
Al parecer, estoy en el grupo modal de edad de los escritores de blogs (eso significa que mi edad está en el grupo de edad que tiene la mayoría relativa de los bloggers).
Ya no me parece tan moderno escribir un blog... eso sí, sigue siendo necesario. :)
miércoles, 3 de febrero de 2010
Lo mejor de nosotros
¿Ya viste la animación promocional de los juegos olímpicos de 2012 "The best of us"? Me parece inspiradora. Me emocionó mucho la primera vez que la vi:
Un muchachito en el internado
Con esta entrada de blog inicio una sección, que tal vez vaya creciendo. Como no me gusta manejar ni tener coche, últimamente mi papá me ha apoyado en llevarme al trabajo. Eso hace que platiquemos mucho y de muchas cosas. Hoy por la mañana me contó cosas interesantes que yo sabía vagamente, y que ahora me precisó, y que, mientras me las contaba, ya me saboreaba yo de ponerlas aquí. Tú sabes que me gusta escribir sobre viajes en el tiempo. Pues considero esta entrada como otro tipo de viajes en el tiempo, sin futurismo.
Cuenta mi papá que cuando tenía como 15 años, en 1956, sentía que sus papás lo trataban muy duramente. No quiso entrar en detalles, pero mencionó que como era el mayor de los hijos, lo hacían responsable de todo, y que "en esos tiempos la disciplina era otra". Entonces, llegó a sus manos, tal vez en la escuela, una lista de los materiales y uniformes que debían llevar los alumnos al Colegio Benavente, que se encontraba (o encuentra) en la ciudad de Puebla. Ese colegio funcionaba también como internado, así que mi papá convenció a los suyos de que lo dejaran ingresar ahí, con visitas de los padres una vez por mes. Creo que él quería ir ahí porque parte del equipo que tenían que llevar eran dos trajes con corbata (no lo dijo así, pero mencionó que la lista decía que había que llevar esa ropa).
En el internado la disciplina también era rígida.Mi papá cuenta que a quien no tenía ordenadas sus cosas se las sacaban al pasillo; que había muchos ratos de estudio vigilado, antes de las comidas; que la comida no era muy buena (los frijoles tenían piedras, y mi papá se rompió un diente al morder una de ellas, por ejemplo). Para bañarse, a veces había agua caliente y a veces no, a voluntad del encargado de la disciplina. El dinero semanal que ya estaba considerado en la colegiatura que se diera a los muchachos disminuía si bajaban las calificaciones. El derecho a la visita de los papás, una vez al mes, estaba condicionada también a calificaciones; si eran bajas, había una segunda vía: "regalar" un disco L.P. de música clásica al encargado de la disciplina. La colección de discos de música clásica del Colegio Benavente era la mejor de todo Puebla. Si llegabas tarde a alguna comida, el encargado de la disciplina te golpeaba con una flexible vara de membrillo. Había días en que la leche sabía a rayos, pero el que diera la más pequeña muestra de no querer tomarla, se tenía que tomar la suya y la de los demás de la mesa.
En la página del colegio, que aún existe y es de esperar que tenga sistemas educativos distintos ahora, encuentro que las instalaciones en que estudió mi papá datan de 1948 y se parecen enormemente a las de la preparatoria en que estudié yo. Ladrillo rojo, edificios cuadrados con columnas en la planta baja... hasta el reloj hasta arriba, comandando los tiempos de estudio.
El balance que hace mi papá es que ganó algunas libertades en el Benavente (se iba de pinta a la ciudad, para gastar sus ahorros en comida que no estuviera mal cocinada), y perdió otras. Al año siguiente no volvió a esa escuela, sino que regresó a una escuela en la ciudad de México.
Cuenta mi papá que cuando tenía como 15 años, en 1956, sentía que sus papás lo trataban muy duramente. No quiso entrar en detalles, pero mencionó que como era el mayor de los hijos, lo hacían responsable de todo, y que "en esos tiempos la disciplina era otra". Entonces, llegó a sus manos, tal vez en la escuela, una lista de los materiales y uniformes que debían llevar los alumnos al Colegio Benavente, que se encontraba (o encuentra) en la ciudad de Puebla. Ese colegio funcionaba también como internado, así que mi papá convenció a los suyos de que lo dejaran ingresar ahí, con visitas de los padres una vez por mes. Creo que él quería ir ahí porque parte del equipo que tenían que llevar eran dos trajes con corbata (no lo dijo así, pero mencionó que la lista decía que había que llevar esa ropa).
En el internado la disciplina también era rígida.Mi papá cuenta que a quien no tenía ordenadas sus cosas se las sacaban al pasillo; que había muchos ratos de estudio vigilado, antes de las comidas; que la comida no era muy buena (los frijoles tenían piedras, y mi papá se rompió un diente al morder una de ellas, por ejemplo). Para bañarse, a veces había agua caliente y a veces no, a voluntad del encargado de la disciplina. El dinero semanal que ya estaba considerado en la colegiatura que se diera a los muchachos disminuía si bajaban las calificaciones. El derecho a la visita de los papás, una vez al mes, estaba condicionada también a calificaciones; si eran bajas, había una segunda vía: "regalar" un disco L.P. de música clásica al encargado de la disciplina. La colección de discos de música clásica del Colegio Benavente era la mejor de todo Puebla. Si llegabas tarde a alguna comida, el encargado de la disciplina te golpeaba con una flexible vara de membrillo. Había días en que la leche sabía a rayos, pero el que diera la más pequeña muestra de no querer tomarla, se tenía que tomar la suya y la de los demás de la mesa.
En la página del colegio, que aún existe y es de esperar que tenga sistemas educativos distintos ahora, encuentro que las instalaciones en que estudió mi papá datan de 1948 y se parecen enormemente a las de la preparatoria en que estudié yo. Ladrillo rojo, edificios cuadrados con columnas en la planta baja... hasta el reloj hasta arriba, comandando los tiempos de estudio.
El balance que hace mi papá es que ganó algunas libertades en el Benavente (se iba de pinta a la ciudad, para gastar sus ahorros en comida que no estuviera mal cocinada), y perdió otras. Al año siguiente no volvió a esa escuela, sino que regresó a una escuela en la ciudad de México.
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