miércoles, 3 de febrero de 2010

Lo mejor de nosotros

¿Ya viste la animación promocional de los juegos olímpicos de 2012 "The best of us"? Me parece inspiradora. Me emocionó mucho la primera vez que la vi:


Un muchachito en el internado

Con esta entrada de blog inicio una sección, que tal vez vaya creciendo. Como no me gusta manejar ni tener coche, últimamente mi papá me ha apoyado en llevarme al trabajo. Eso hace que platiquemos mucho y de muchas cosas. Hoy por la mañana me contó cosas interesantes que yo sabía vagamente, y que ahora me precisó, y que, mientras me las contaba, ya me saboreaba yo de ponerlas aquí. Tú sabes que me gusta escribir sobre viajes en el tiempo. Pues considero esta entrada como otro tipo de viajes en el tiempo, sin futurismo.

Cuenta mi papá que cuando tenía como 15 años, en 1956, sentía que sus papás lo trataban muy duramente. No quiso entrar en detalles, pero mencionó que como era el mayor de los hijos, lo hacían responsable de todo, y que "en esos tiempos la disciplina era otra". Entonces, llegó a sus manos, tal vez en la escuela, una lista de los materiales y uniformes que debían llevar los alumnos al Colegio Benavente, que se encontraba (o encuentra) en la ciudad de Puebla. Ese colegio funcionaba también como internado, así que mi papá convenció a los suyos de que lo dejaran ingresar ahí, con visitas de los padres una vez por mes. Creo que él quería ir ahí porque parte del equipo que tenían que llevar eran dos trajes con corbata (no lo dijo así, pero mencionó que la lista decía que había que llevar esa ropa).

En el internado la disciplina también era rígida.Mi papá cuenta que a quien no tenía ordenadas sus cosas se las sacaban al pasillo; que había muchos ratos de estudio vigilado, antes de las comidas; que la comida no era muy buena (los frijoles tenían piedras, y mi papá se rompió un diente al morder una de ellas, por ejemplo). Para bañarse, a veces había agua caliente y a veces no, a voluntad del encargado de la disciplina. El dinero semanal que ya estaba considerado en la colegiatura que se diera a los muchachos disminuía si bajaban las calificaciones. El derecho a la visita de los papás, una vez al mes, estaba condicionada también a calificaciones; si eran bajas, había una segunda vía: "regalar" un disco L.P. de música clásica al encargado de la disciplina. La colección de discos de música clásica del Colegio Benavente era la mejor de todo Puebla. Si llegabas tarde a alguna comida, el encargado de la disciplina te golpeaba con una flexible vara de membrillo. Había días en que la leche sabía a rayos, pero el que diera la más pequeña muestra de no querer tomarla, se tenía que tomar la suya y la de los demás de la mesa.

En la página del colegio, que aún existe y es de esperar que tenga sistemas educativos distintos ahora, encuentro que las instalaciones en que estudió mi papá datan de 1948 y se parecen enormemente a las de la preparatoria en que estudié yo. Ladrillo rojo, edificios cuadrados con columnas en la planta baja... hasta el reloj hasta arriba, comandando los tiempos de estudio.

El balance que hace mi papá es que ganó algunas libertades en el Benavente (se iba de pinta a la ciudad, para gastar sus ahorros en comida que no estuviera mal cocinada), y perdió otras. Al año siguiente no volvió a esa escuela, sino que regresó a una escuela en la ciudad de México.

miércoles, 27 de enero de 2010

Memoria

Tengo muy mala memoria ecoica y episódica. Básicamente, eso significa que no retengo los hechos como sucedieron, si no tienen una significancia específica en mi sistema de conocimientos. Por poner un ejemplo, no recuerdo dónde o cómo fueron las bodas de mis hermanas (aunque sé que fui a las tres). Otro ejemplo: me costó un esfuerzo endemoniado aprenderme las tablas de multiplicar en primaria, y aún ahora, la del 7 no me la sé, sino que la construyo cada vez que la necesito.

Tener una memoria así de mala en esos aspectos, tiene muchas desventajas (sobre todo, sociales... por ejemplo, veremos si mis hermanas no me reclaman por esta entrada de blog). También tiene unas poquitas ventajas:

- Me maravillan cosas que supuestamente ya sabía, cuando me las cuentan.
- Algunas ideas por las que ya pasé, al escucharlas de nuevo (pero como si fueran nuevas para mí) me dan doble chance de valorarlas desde cero. A veces mis dos opiniones coinciden (lo cual las refuerza) y otras, difieren. En estos casos, soy más prudente para evaluar con más cuidado esas ideas en su segunda vuelta.
-Estoy obligado a conocerme muy bien, para poder reconstruir mi conducta en el pasado. Si alguien me dice "nos vimos en el antro tal, mientras contabas un chiste de excusados", sé que miente, pero no porque lo recuerde distinto. Si me dice "nos vimos en la casa de un nerd, y contabas un chiste de monjas" la historia es totalmente verosímil.

domingo, 17 de enero de 2010

Múltiple

Con el apuro de terminar un informe, reconozco al mismo tiempo algunas ideas lúdicas: quisiera estar jugando un juego de video. Al fondo, está el tapiz de mi hambre, que me recuerda que soy tan biológico como la hermana planta, o el hermano chimpancé. Están constantemente taladrando algunos recuerdos, algunos incluso inventados, recuerdos de lo que no fue. Hay imágenes de fantasías y realidades bellas. Rajaduras en mi sistema cardíaco y luces en mi cerebro.

Hoy me reconozco uno y múltiple. Al menos en este momento, siento que comprendo a Walt Withman. Entender que no todas las voces que gritan dentro de mí gritan lo mismo, ni quieren lo mismo, me permite ser más flexible conmigo mismo. No buscar a fuerzas la coherencia interna, sino sólo en aquello que lo requiere porque yo así lo decido.

Incluso puedo permitirme escribir esta entrada de blog tan dispersa.

viernes, 8 de enero de 2010

Primeros días de trabajo

En estos primeros días de trabajo, que además han sido de mucha lluvia y frío, uno se pregunta si Kundera en realidad no quiso decir más bien La insoportable fugacidad de la vacación.

martes, 5 de enero de 2010

Sobre dos canciones del Beatle George

Pablo, de 10 años, causó mi más reciente ataque repentino de risa ayer.

Estábamos escuchando "If I needed someone", de los Beatles y él comentó:

-Es como "While my guitar gently weeps", pero más ranchera.

(aún me da risa recordarlo).

sábado, 2 de enero de 2010

Lo que es la vida y lo que no es la vida

Este era un bibliotecario que se preciaba de conocer todos los libros de su biblioteca. Cuando uno se acercaba y empezaba a balbucir un título, él, con eficiencia y suficiencia, recitaba el título completo, correcto y el autor. Y acto seguido enviaba a alguno de sus subordinados por el libro, o informaba al solicitante que las 3 copias estaban prestadas.

Y eso que su biblioteca era muy grande. Él era el director.

Pero este hombre tan culto tenía un secreto: no le gustaba leer. Jamás leía por placer ni las novelas, ni la historia, ni las matemáticas, ni la filosofía. Ni los comics del periódico, para acabar pronto.

Pero como sabía el título y el nombre del autor de más de 30,000 volúmenes, la gente lo respetaba por su conocimiento y capacidad. Rara vez tuvo que salir del paso demostrando que sabía lo que contenían los libros. Era listo y repasando la lista de títulos de un mismo autor, deducía por dónde iba la obra, así que esas pocas veces logró conservar su estatus de erudito ante la gente.

Lo cierto es que era como un mesero, que va a la fiesta pero no se divierte, sino que presenta canapés y vino. Un estudioso del zen tal vez diría que era como un pez que no sabía lo que es el agua.

Él se consolaba creyéndose como Beethoven, que podía componer pero no escuchaba su propia música.

Pero se equivocaba. El bibliotecario se equivocaba mucho con esa comparación.